Excelente artículo de la mejor revista de análisis de coyuntura nicaragüense y posiblemente centroamericana.
Saludos,
ACR
http://www.envio.org.ni/articulo/3890
Número 320 | Noviembre 2008
Revista Envío
Nicaragua
ELECCIONES MUNICIPALES: UNA CRISIS ANUNCIADA - Perdió Nicaragua
A diferencia de otros países latinoamericanos, Nicaragua es un país con una probada “fe electoral”. ¿Habrán perdido los nicaragüenses la “fe” en esta ocasión? Es uno, y no el menos angustioso, de los muchos interrogantes que han dejado estos comicios municipales, que muchos votantes vivieron como un plebiscito sobre el gobierno nacional, que arrojaron resultados no aceptados por buena parte de la población y que han llevado al país a una nueva y dramática crisis, tan temible como previsible.
Equipo Nitlápan-Envío
En medio de una crisis económica planetaria que ya nos está afectando -crisis que el Presidente Daniel Ortega consideró “un castigo de Dios al imperio yanki”, del que dijo estaba “convertido por la crisis en un país del tercer mundo”- y alen¬tados por el oxígeno que representa ver llegar a la Presidencia de ese “imperio” a un afroamericano carismático, pensante y sensible, Nicaragua salió a elegir sus autoridades locales.
En 24 horas los resultados electorales fueron denunciados como un fraude, con pruebas, por la alianza opositora al partido de gobierno. En 48 horas había desórdenes y violencia en la capital y en otros puntos del país y, con los obispos católicos a la cabeza, buena parte de la sociedad deslegitimaba los resultados y en un clima de desconfianza generalizada proponía a la autoridad electoral el recuento de las actas de escrutinio en Managua y a nivel nacional con la participación de observadores independientes. Las elecciones fueron consideradas por el organismo nacional Ética y Transparencia “las menos transparentes y las más conflictivas de nuestra historia reciente”.
SIN CIFRAS OFICIALES
El 9 de noviembre 3 millones 800 mil nicaragüenses estaban convocados a las urnas electorales para elegir alcaldes, vicealcaldes y concejales en 146 de los 153 municipios del país. Según los resultados “provisionales” del Consejo Supremo Electoral (CSE) el 14 de noviembre, el FSLN obtuvo el primer lugar en número de votos y ganó más de 90 alcaldías (entre ellas, la capital Managua) y el PLC, que encabezaba la alianza opositora, quedó en segundo lugar en número de votos y ganó unas 50 alcaldías. Cinco partidos aparecían en la boleta de votación Los resultados de dos de ellos -Alternativa por el Cambio (AC) y PRN (Partido de la Resistencia)- no fueron significativos. El tercero, ALN, logró ganar 3 alcaldías.
La alianza opositora al partido de gobierno, que compitió en la casilla del PLC, no reconoció estos resultados y denunció un “gigantesco intento de fraude”. Pocas voces gubernamentales se escucharon dando declaraciones o emitiendo opiniones. Sólo la voz jubilosa de los simpatizantes del FSLN en las calles. Los medios oficiales recordaron que se trataba de una “operación mediática” preparada con antelación para deslegitimar los comicios y desestabilizar al gobierno.
TRIUNFO “ARROLLADOR”
Los primeros resultados los anunció el CSE tardíamente. Eran las 11pm. Para entonces, simpatizantes del FSLN ya celebraban por todo el país, especialmente en Managua. ¿Tan seguros estaban de la victoria? Al aparecer ante las cámaras los siete magistrados electorales y sus suplentes, el nutrido equipo y el escenario contribuían a dar gran solemnidad al anuncio. Aunque ya para esa hora debían haber presentado resultados más avanzados, los que brindó la autoridad electoral estaban basados en porcentajes mínimos. En gran número de municipios y en la mayoría de cabeceras, incluida Managua, esos porcentajes daban una amplísima victoria al FSLN.
¿Expresaban los resultados de esa primera hora una tendencia? ¿Expresaban -especialmente los resultados de las 16 cabeceras departamentales- lo pactado previamente entre Ortega y Alemán? Conviene recordar que durante varios meses -y después que en el CSE los magistrados electorales de Ortega y Alemán eliminaron de la competencia a dos partidos políticos opuestos al pacto- era un secreto a voces que Ortega y Alemán se estaban repartiendo ya los resultados de las cabeceras, donde vive el 75% de la población nacional. Sin embargo, aun así, los resultados favorecían exageradamente al FSLN. ¿Era eso lo pactado?
A la medianoche las celebraciones del FSLN se hicieron más masivas. En Managua -la plaza más importante para el FSLN- fueron las más ruidosas. Las emisoras afines al partido de gobierno hablaban de un triunfo “arrollador”: más de 100 alcaldías y 12 de las 16 cabeceras departamentales. Estaba en marcha la crisis. Una crisis anunciada.
CAMINO PAVIMENTADO
Desde hace diez años funciona el pacto Ortega-Alemán, cada vez más beneficioso a Ortega. El tribunal electoral, el CSE, fue afectado progresivamente por este acuerdo político. Al iniciar 2008, año electoral, el CSE fue colocando calculadamente en el camino a las elecciones obstáculos a los partidos opositores y pavimentándole la ruta al partido de gobierno. El CSE adelantó el calendario electoral, suspendió las elecciones en siete municipios del Caribe, canceló la personería jurídica a dos partidos opositores y le quitó la representación legal de ALN a Eduardo Montealegre para entregar esa agrupación a políticos colocados en la órbita del partido de gobierno.
Todas estas medidas fueron maniobras pre-electorales del pacto Ortega-Alemán. Como resultado de todas ellas -avaladas por acción o por omisión, por los magistrados pro-Alemán en el PLC-, todo el Poder Electoral, desde las máximas autoridades hasta la dirección de las 11,808 juntas a donde acudieron a votar los nicaragüenses el domingo 9, quedaron prácticamente en manos de personas afines al partido de gobierno o controladas de una forma o de otra por éste.
LAS VÍSPERAS
Por primera vez en su historia, el CSE no hizo prácticamente publicidad en los medios invitando a la población a votar. ¿Quería fomentar la abstención? La abstención favorece siempre al FSLN, un partido más organizado, con un voto fiel y “duro”. Fueron las organizaciones civiles y el vasto tendido de la iglesia católica quienes hicieron una activa propaganda invitando a la población a votar y recordando que el voto es secreto.
En todo el país se apreció retardación en el proceso de cedulación o entrega selectiva de cédulas. En los días previos a las elecciones, de forma sorpresiva -y en combinación con el Ministerio de Gobernación-, el CSE ordenó que tres “policías electorales” estuvieran en cada mesa de votación, función para la que el gobierno contrató por 100 córdobas a personas sin ninguna preparación específica, a las que se les uniformó con una camiseta y un brazalete. El día de los comicios no hicieron otra cosa que entrar y salir a cualquier hora de los centros de votación o andar rondándolos “por lo que pudiera pasar”.
BAJO SOSPECHA
En un entorno tan estrictamente controlado por un aparato electoral favorable al partido de gobierno, el único contrapeso posible el día de los comicios lo tendrían dos grupos de personas: los fiscales de la oposición y los observadores nacionales. Pero el CSE no acreditó a observadores nacionales y los fiscales de la alianza opositora enfrentaron obstáculos, limitaciones y la siempre seductora oferta de regalías de parte de los operadores políticos del partido de gobierno. En estas condiciones, los resultados electorales ya estaban bajo sospecha desde antes del primer anuncio del CSE.
Al concluir el proceso del voto popular -como desde hace más de veinte años, con una población siempre ordenada, paciente y en calma- ya se habían apreciado diversas anomalías: en unas juntas unas y en otras juntas otras.
Hubo votantes que temían ser intimidados al ir a votar. En Managua y en León -las plazas más codiciadas por el FSLN- el temor estaba justificado. Después de los violentos sucesos de León unos días antes de que iniciara la campaña electoral (20 septiembre), cuando el candidato a alcalde por el partido de gobierno y dirigentes del FSLN organizaron grupos de choque que impidieron con violencia extrema una manifestación opositora, hubo incidentes violentos en Managua y otros puntos, en los que simpatizantes del FSLN atacaban a opositores a pedradas y garrotazos. ¿Pasiones políticas desbordadas o calculados incidentes de intimidación?
En los días previos, y en los barrios más populosos de Managua, los medios documentaron que grupos de CPC (Consejos del Poder Ciudadano), dirigidos desde casa presidencial, con la excusa de evaluar los programas sociales del gobierno, visitaban casa a casa, con banderas y camisetas del partido de gobierno, haciendo un “censo”: preguntaban cuántos votaban en esa casa y por quién votarían y anotaban esos datos. En el tenso ambiente con el que la capital llegó a las elecciones, era imposible no percibir esas visi¬tas como una campaña de intimidación.
AMANECER INCIERTO
En la mañana del día siguiente a las elecciones el centro de cómputos de Managua quedó militarizado y dentro sólo quedaron técnicos del partido de gobierno, encargados de la digitación de los resultados y de su consolidado final. Todo esto, documentado por los medios radiales, escritos y televisados de todo el país, provocó una desconfianza generalizada entre los votantes y un ambiente de incertidumbre.
El 12 de noviembre, EyT publicó su valoración preliminar. Inicia así: “La cantidad de anomalías e irregularidades encontradas en al menos el 32% de las juntas receptoras de votos, centros de cómputos municipales y departamentales de todo el país, se caracterizan por su gravedad y por el nivel de afectación, dirigida casi de forma exclusiva hacia la oposición”.
ANOMALÍAS GRAVES
EyT señala nueve irregularidades “de mayor gravedad”. La expulsión o severas limitaciones de acceso a los fiscales a las juntas de votación y a los centros municipales a causa de acciones organizadas por los policías electorales y el personal del CSE. La anulación fraudulenta de votos “en un número no determinado de juntas”, constituyendo un “hecho fraudulento superlativo en la historia de nuestro país, lo que hace difícil o imposible reconstruir la voluntad popular en esas juntas”. La introducción o sustitución de votos y actas de escrutinio por el personal de las juntas de votación. La invalidación fraudulenta de votos a la hora de conteos que se hicieron a puertas cerradas. El cierre temprano y sin razón de las juntas en al menos un 20% de las mesas cuando aún había votantes en fila “sin absolutamente ninguna razón evidente”. La intimidación de votantes en “entornos amenazantes”. Fallas en la custodia del material electoral. No fijación de los resultados a la vista de los ciudadanos al menos en el 10% de las juntas. En no menos de 50 municipios, “el partido de gobierno y el CSE local procesó y distribuyó cédulas a sus simpatizantes” de forma irregular. EyT consideró que en unos 30 municipios se requería “aclaración de irregularidades”.
SIN ESTOS OBSERVADORES
Las desconfianzas y suspicacias hubieran podido ser neutralizadas con la presencia en las juntas de votación de los dos equipos de observadores nacionales. La última de las peligrosas señales que el CSE le dio al país fue la negativa a acreditarlos.
Dos organizaciones nacionales, el Grupo Cívico Ética y Transparencia (EyT) -capítulo en Nicaragua de Transparencia Internacional- y el Instituto para la Democracia (IPADE), han observado durante los últimos doce años las elecciones nacionales, municipales y regionales, demostrando gran profesionalismo y acumulando experiencia. Esto las ha convertido en garantes independientes al observar todo el proceso, al estar presentes in situ el día de los comicios en la constitución, apertura, votación, cierre y escrutinio de cada mesa de votación y al elaborar después un conteo rápido de los resultados, que ha servido para contrachequear los resultados oficiales y para avalarlos, pues siempre coincidieron con mínimas diferencias.
En el ambiente tan polarizado y tenso con que se llegó a estas elecciones la presencia de los observadores era lo más indicado si el gobierno quería asegurar transparencia y legitimar los comicios. Pero no fue así: el partido de gobierno que controla el CSE apostó a la opacidad y no acreditó a los observadores nacionales, argumentando en la “madurez” del proceso electoral nicaragüense.
Al expresar su rechazo a la no acreditación, el IPADE señaló que el CSE sentaba “un precedente histórico y negativo al prohibir una práctica ciudadana que en América Latina y el mundo es promovida y protegida”. Por su parte, EyT dijo: “El CSE tiene “la edad suficiente” como para asumir y dar razón del costo político gratuito e innecesario que le está causando al país y al actual proceso electoral, por la estigmatización que ha hecho de las organizaciones nacionales, por su negativa a acreditarnos, contraviniendo la Constitución y la Ley, dando lugar a la desconfianza, la presunción y la suspicacia”.
IPADE no puso en acción a sus observadores. EyT sí, aunque no a los 30 mil que anunció pondría. La observación la hicieron “a distancia” de los centros de votación, valiéndose del relato de fiscales, votantes y personal de las juntas, y cruzando esta información con el comportamiento histórico de cada junta, que en Nicaragua tiene bases confiables.
CON ESTOS OBSERVADORES
Desde mediados de octubre, el propio Presidente Ortega venía desestimando la necesidad de la observación electoral nacional, diciendo que “no son imparciales”. Tampoco el gobierno quiso invitar a observadores internacionales que siempre han participado en las elecciones nicaragüenses, el Centro Carter y la OEA. Ambas instancias afirmaron después de los comi¬cios su limitación para evaluarlos por no haber estado presentes, y en el fragor del conflicto hicieron un llamado a la autoridad electoral a “conducir un procedimiento transparente de revisión de los resultados electorales a escala nacional” con participación de la observación nacional (Centro Carter).
El gobierno insiste en que sí hubo observación internacional. Tres días antes de las elecciones llegaron a Managua miembros del Protocolo de Tikal y del Protocolo de Quito de observación electoral, que escucharon un interminable discurso del Presidente Ortega, recordando haber sido víctima de un fraude en 1996, y visitaron algunos centros de votación.
Y desde meses antes el CSE financió la estancia en Nicaragua de un grupo de técnicos electorales del CEELA. Esta instancia tuvo como primer presidente al magistrado presidente del CSE Roberto Rivas, quien es hoy su presidente honorario. El CEELA es un grupo promovido por el gobierno de Venezuela en un intento más de Chávez de descalificar a la OEA como organismo de representación hemisférica.
Al salir de Managua, después de los comicios, Roberto Cuéllar, quien llegó en la víspera electoral representando al Instituto Interamericano de Derechos Humanos, dijo: “La observación internacional ni lo puede ver todo ni lo controla todo. La observación nacional es la que legitima el proceso”.
¿UN DESQUITE?
Llamó la atención la insistencia de Ortega en varios discursos previos a las elecciones en el “fraude electoral” de 1996 del que él había sido víctima como candidato presidencial frente a Arnoldo Alemán, fraude que Ortega habría aceptado por la estabilidad del país. Este mismo discurso, el del “fraude” del 96, estuvo reiteradamente en boca de todos los voceros del partido de gobierno desde que estalló el conflicto post-electoral. La negativa del CSE a acreditar a los observadores nacionales no sólo mantuvo en vilo a la opinión pública hasta el último día, sino que alimentó justamente la sospecha de que se preparaba un fraude. ¿En desquite del de 1996?
Hubo reclamos, solicitudes y sugerencias llegadas de instancias nacionales e internacionales, de los embajadores de la Unión Europea, de los empresarios del COSEP y hasta del propio Cardenal Obando -aliado incondicional del partido de gobierno-, pero la observación nacional fue excluida. Los magistrados electorales argumentaron que ellos eran “soberanos”, que ellos “son la ley”.
AMBIENTE HOSTIL
También el Presidente y los magistrados electorales argumentaron que los fiscales de los partidos serían los únicos observadores por ser los más interesados en observar.
Conviene recordar que de los cinco partidos en contienda, el partido de gobierno tenía como aliados a tres partidos pequeños. Serían sólo los fiscales de la alianza opositora los ojos críticos en las mesas de votaciones. Para cumplir con su tarea les tocó enfrentar un ambiente hostil y un entramado de trabas que iban descubriendo sobre la marcha.
Cuenta, por ejemplo, una de esas fiscales: “Pasamos horas en el centro de votación viviendo una presión fuerte y una intimidación de parte de los CPC que controlaban todo el centro donde estuvimos. Los policías electorales, la procuradora de derechos humanos del gobierno, el personal del CSE que llegaba a supervisar y todo el resto de la junta eran sólo danielistas”.
Todo esto configuró unos comicios “opacos” y al día siguiente un ambiente nacional incierto que nos arrojó en una nueva crisis institucional, nos permitió ver una ¿duradera? fisura política en el pacto Ortega-Alemán y sumió al país en lamentables extremos de violencia.
LAS RAÍCES
La crisis institucional es una más de las muchas que inician en Nicaragua, se desarrollan y nunca se resuelven. Algunos la han calificado como la mayor de los últimos treinta años.
Esta crisis tiene sus raíces recientes en diez años del pacto PLC-FSLN, que bi-partidarizó todas las instituciones del Estado, incluido el CSE. Todos los altos cargos del Estado fueron repartidos por Ortega y Alemán mitad-mitad. En el caso del CSE, el pacto incrementó el número de los magistrados con sus suplentes -14 personas- y reformó la Ley Electoral, convirtiéndola en un obstáculo al pluralismo y en un mecanismo destinado a forzar el bipartidismo sandinismo-liberalismo.
Después de diez años de ese nefasto acuerdo político, las estructuras del CSE dejaron prácticamente de ser bi-partidistas para defender prioritariamente los intereses de Daniel Ortega. Esto sucedió tras la alianza del magistrado presidente del CSE Roberto Rivas con Ortega con la bendición del Cardenal Obando. Y sucedió ante los ojos de los magistrados electorales del PLC, incapaces de renunciar a las prebendas derivadas de sus cargos o fieles a las orientaciones pro-Ortega de su líder Alemán, preocupado desde 2002 por no ir a dar a la cárcel.
UN SEÍSMO
Durante la preparación de estas elecciones, que ya se anunciaban viciadas, el CSE hizo y deshizo con la anuencia de los magistrados electorales del PLC. Pero eso era lo que sucedía “arriba”. Abajo, entre las bases liberales locales estaba ocurriendo otra cosa.
Al descontento generalizado por la situación económica, los liberales sumaban su preocupación por los avances de los CPC locales, su indignación por la entrega selectiva de cédulas para votar, y la novedad que representó la entrada en la campaña electoral, bajo la bandera del PLC, de líderes de la corriente liberal liderada por Eduardo Montealegre. Fue la corriente de “Vamos con Eduardo” (VCE) la que seleccionó a 14 de los 16 candidatos a alcaldes del PLC en las cabeceras departamentales y a la mitad de todos los candidatos a alcaldes del país.
Este escenario constituyó un seísmo, por lo menos de 5 puntos en la escala richter política del país ya que hizo que Alemán perdiera el control de la campaña electoral, que apenas participara en ella y que viera reducida su influencia en el partido en un momento especialmente crucial, porque los comicios estaban cada vez más polarizados y, tanto el gobierno como la oposición, los estaban convirtiendo en un referéndum nacional sobre los primeros dos años de gobierno de Ortega.
Con la corriente de los VCE dentro del PLC, el tradicional antisandinismo liberal se dispuso a votar contra Ortega, cada vez más consciente de que el pacto de Alemán con Ortega había terminado haciendo Presidente a Ortega dándole todo el poder. Eso los distanciaba de Alemán y los acercaba a liderazgos liberales más jóvenes que aparecieron en la escena local. El toque final lo puso, al inicio de la campaña electoral, el apoyo que los candidatos locales del PLC recibieron de conservadores, de sandinistas del MRS y de independientes, unidos bajo la consigna TCO: “Todos contra Ortega”.
Ahora, después del seísmo de la campaña, del fraude y de la crisis post-electoral, ¿será el liberalismo honesto capaz de reconstruir su partido, desechando definitivamente el alemanismo?
ERROR DE CÁLCULO
La pieza central de la estrategia política del FSLN para las elecciones municipales fue la misma que en las presidenciales: dividir al liberalismo. Con la derecha liberal dividida y eliminando toda competencia por la izquierda (cancelación del MRS) el partido de gobierno intentó allanar su camino para “más victorias”, como martillaba en su costosa propaganda.
Fue un error de cálculo: la casilla roja número 1 del PLC se oxigenó al recibir a los rojos no alemanistas de Eduardo Montealegre y se coloreó de naranja con los votos de los sandinistas del MRS, con el verde de los votos conservadores y con el coloreado voto de los independientes. Y la ALN, la otra opción “liberal” -alimentada con “militantes” y recursos del FSLN- se fue erosionando durante la campaña. En muchos municipios los candidatos de la ALN renunciaron a la competencia o respaldaron al PLC. En una mayoría obtuvieron resultados insignificantes, aunque en varios, como en el caso de Rivas, sí lograron dividir el voto opositor.
EL GRAN DILEMA
Así, mientras “arriba” en el CSE seguía funcionando el pacto en su expresión electoral, abajo ya no tanto. Dos días antes de las elecciones, y conociendo el FSLN, por sus encuestas internas, de un probable fracaso, especialmente en Managua, corrió el rumor de que Arnoldo Alemán estaba negociando la alcaldía de la capital a cambio de la total libertad por los cargos de corrupción, por los que está condenado a veinte años, de los que ya ha cumplido cinco, aunque en su casa y con todos los privilegios.
Como una señal de que esa negociación estaba sobre la mesa, unos días antes de las elecciones, el Tribunal de Apelaciones de Managua -controlado por Ortega- revocó definitivamente la sentencia dictada, por los mismos actos de corrupción, contra el hermano, el sobrino y la cuñada de Alemán.
Reveladora resultó la respuesta de Alemán al rumor sobre la negociación de Managua a cambio de su libertad. Afirmó que él no tenía “dominio” sobre quienes votaban. Lo pactado entre Alemán y Ortega lo podía borrar la gente que llegaría a votar en la casilla del PLC. El resultado electoral -“amarrado” desde arriba por el pacto y “desatado” desde abajo por nuevos factores políticos- colocó a Alemán en el mayor dilema de sus últimos años, después de ser sentenciado por corrupción: cómo cumplirle a Ortega para garantizarse su libertad sin poder “dominar” a sus bases…
Pasada la medianoche del día de las elecciones, el CSE dio unos segundos resultados. Sólo aparecían porcentajes, pero había algunos cambios sobre las “tendencias” presentadas inicialmente, en las que el FSLN arrasaba. Ahora el FSLN seguía ganando, pero ya no tanto.
Curiosamente, en esta segunda ocasión, ya no aparecieron en el solemne escenario los magistrados liberales. ¿Qué estaba sucediendo al interior del PLC? Unas horas después, Eduardo Montealegre alegaba con determinación que tenía pruebas de que él había ganado la alcaldía de Managua y afirmaba que los resultados que ofrecía el CSE eran “vergonzosos, inmorales e irresponsables”.
ASCENSO Y DESCENSO
Horas después, respaldaban a Monte¬alegre varios diputados alemanistas y a su lado aparecía la diputada del PLC e hija de Arnoldo, María Dolores Alemán. Horas después era el propio Alemán quien avalaba el alegato de fraude de Montealegre y 48 horas después el PLC desconocía los resultados de las elecciones y ordenaba a sus diputados en la Asamblea Nacional y a sus magistrados en la Corte Suprema y en la Contraloría no acudir a trabajar para paralizar las actividades institucionales.
Diputados liberales tan mesurados como Francisco Aguirre Sacasa y José Pallais se expresaban inusualmente categóricos en sus críticas. Aguirre: “Las actuaciones del FSLN son ya intolerables para nuestro partido”. Pallais: “El Consejo Supremo Electoral da asco”.
Aparecía así un primer resultado político de las elecciones, inesperado seguramente para el FSLN: una fisura en el PLC, con el ascenso del liderazgo de Montealegre, el descenso del liderazgo de Alemán, y el protagonismo de nuevos liderazgos locales liberales más independientes de la influencia del “máximo líder”.
FRUSTRACIÓN Y VIOLENCIA
Desconfianza, evidencias y frustración se unieron en una mezcla explosiva y la violencia se desató en varios puntos de Managua y en otros municipios. La desconfianza en el CSE y en los resultados que estaba brindando aparecía por todos lados. En la documentación del rosario de evidencias de fraude -hasta boletas tiradas a la basura- los medios de comunicación jugaron un papel imprescindible. La desconfianza previa y las noticias diarias provocaron flujos y reflujos de frustración que condujeron a enfrentamientos callejeros violentos, inicialmente entre sandinistas y liberales en la capital y en otros municipios. Poco después fueron los sandinistas los que se impusieron en las calles de Managua con una exhibición de vandalismo. Sumido el país en esta colosal crisis, el Presidente Daniel Ortega guardó total silencio.
LA VOZ DE LOS OBISPOS
Por primera vez en muchísimo tiempo, la voz de los obispos católicos tuvo aires proféticos: denunciaron algunas de las causas del conflicto y anunciaron una posible solución. (ver noticias del mes).
El 11 de noviembre, en un lenguaje inusualmente breve y directo, los obispos señalaron las irregularidades que percibían en el proceso. Hacían “un urgente llamado a los miembros del CSE a actuar con honestidad, transparencia e imparcialidad por su dignidad personal y el respeto al voto sagrado que en conciencia depositó nuestro pueblo en las urnas” y proponían como salida la revisión de todas las actas de escrutinio.
Nada más inesperado para el partido de gobierno que tan rápida toma de posición de los obispos. ¿Cómo era posible que, a pesar de las dádivas entregadas durante meses a las estructuras eclesiásticas en todo el país y a pesar de que el FSLN había votado por la penalización del aborto terapéutico, los nueve obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua deslegitimaran los comicios? La perplejidad se expresó en las palabras con que el magistrado electoral del FSLN Emmet Lang ripostó a los obispos: se refirió tácitamente a ellos diciendo que predicaban el amor al prójimo, pero “denigraban al prójimo” y sentenció: eso es “un pecado mortal”.
En tres días el coro de quienes desconfiaban en los resultados era amplio. Las voces diversas, el reclamo el mismo. Encabezados por los obispos, organismos civiles, medios de comunicación, partidos de oposición, empresa privada, embajadas y ciudadanos de todo el país pedían la revisión de los resultados acta por acta y junta por junta no sólo en Managua -foco mayor del conflicto-, sino en todos los municipios donde la inconformidad era evidente y había pruebas de graves irregularidades.
El partido de gobierno no dio señales de querer rectificar el rumbo aprovechando esta “escalera” que se le ofrecía para bajar al menos algunos peldaños de donde pretendía subir. Todo lo contrario.
¿POR QUÉ ESE DISEÑO?
¿Por qué elecciones tan poco transparentes, con maniobras tan obscenas? Conviene recordar que un triunfo importante en estas elecciones es la carta de negociación más fuerte de Daniel Ortega para lograr las reformas constitucionales que ya tiene redactadas y pactadas con Alemán para garantizar su perpetuación en el poder.
Como éste es su proyecto estratégico y la victoria en las elecciones su antesala, podemos especular que al diseñar el proceso electoral el grupo de poder del partido de gobierno evaluó las variables y concluyó que el costo político de alterar los resultados electorales era menor que el costo político de perder las elecciones en Managua y en las ciudades más importantes. Este análisis le llevó a diseñar arriba una operación fraudulenta de muchas facetas que después su gente ejecutó abajo muy sofisticada y también muy burdamente.
El riesgo de una pérdida significativa de las elecciones era una probabilidad. Las encuestas internas que el gobierno hacía se lo anunciaban. Cuando la polémica encuesta de la UCA (ver en página 6) reveló lo que iba a ocurrir, los propagandistas del gobierno comenzaron a hablar: la derecha estaba desesperada y derrotada y la embajada americana orquestaba ya una campaña mediática para que la derecha alegara fraude y así desestabilizar al gobierno.
Pero los datos estaban ahí: la situación económica es crítica, sobre todo en la capital y en los núcleos urbanos, y además, los efectos negativos que en la población estaban causando declaraciones y actitudes autoritarias y agresivas del gobierno contra las voces críticas de periodistas y de ONG en la capital y en los municipios, alimentaron desde octubre la tendencia a un “voto castigo”, unos por ser antisandinistas de siempre, otros para darle una “lección” o para ponerle “freno” al autoritarismo gubernamental.
MANAGUA: LA DESEADA
En medio de una propaganda avasallante, el despliegue de clientelismo electoral con que el partido de gobierno trató de enfrentar el descontento que reflejaban sus propias encuestas fue extraordinario, especialmente en Managua. En actos presididos por el Presidente Ortega y el candidato del FSLN, el gobierno entregó decenas de títulos de propiedad en asentamientos, 25 mil cocinas de gas, 221 casas, láminas de zinc, medicinas, 3 mil computadoras infantiles para 200 escuelas públicas, créditos para mejoras en 1,300 hogares, mil créditos más a mujeres en el programa Usura Cero… Todo eso públicamente y siempre canalizado por los CPC. Privadamente, los CPC repartieron o recibieron bicicletas, televisores, motos…
¿Sirvió este clientelismo en Managua, la plaza más apetecida por el FSLN? Los resultados del CSE indicaron que el candidato oficialista, el ex-boxeador Alexis Argüello, le ganó a su adversario, el banquero liberal Eduardo Montealegre, por unos 20 mil votos. El 13 de noviembre Montealegre colocó en una estrenada página web (www.voto2008.org) otros resultados, donde le gana a Argüello por unos 29 mil votos.
El partido de gobierno no podía permitirse perder Managua, donde vive el 40% de la población del país. Si perdía, le esperaban tres años con un alcalde adversario presente a diario en los medios inaugurando obras públicas o dando declaraciones críticas sobre el rumbo del país. Para Montealegre, perder Managua es acabar con su carrera política. Habría sido derrotado por un hombre tan poco preparado como Argüello y perdería su mejor oportunidad de disputarle el liderazgo del liberalismo a Arnoldo Alemán.
EN LA NOCHE Y SIN TESTIGOS
Aunque había inconformidades, irregularidades y brotes de violencia en gran parte del país, en Managua se concentró la crisis.
Ante tanta presión nacional y con el inicio de la presión internacional -embajadores de la UE en Nicaragua y la OEA- el CSE aceptó el día 13 revisar las actas de escrutinio de la votación, pero solamente en la capital, donde hay más de 2 mil juntas receptoras de votos y por eso, más de 2 mil actas.
El anuncio lo hizo el CSE a las 6pm. Montealegre y los otros tres partidos debían traer todas sus actas a las 10pm para iniciar una revisión nocturna sin ningún observador independiente ni nacional ni internacional. ¿Es suspicacia pensar que tras esta oferta no había ningún propósito de transparentar datos y resolver el conflicto?
Los tres partidos satelizados por el FSLN aceptaron. Montealegre no. Colocó todas las actas de todas las juntas de Managua en Internet y difundió esos datos en papel en el diario “La Prensa” en la mañana del día 14.
Ese mismo día en la tarde el CSE declaró concluida la revisión nocturna, advirtió que se había cancelado la posibilidad de hacer ninguna otra revisión de las actas de escrutinio y publicó por fin en la prensa nacional resultados oficiales, aún provisionales, que en unas horas alteró nuevamente. La alianza opositora no los aceptó. Los obispos insistieron en que hubiera un recuento de actas en todo el país y con observadores.
¿PUNTO FINAL?
El CSE quiso poner punto final a las protestas y a los reclamos de fraude. Y abrir ese punto y seguido legal que es el proceso habitual de presentación de recursos de revisión aritmética, que poco afectan los resultados oficiales. La crisis continuó. Grupos ciudadanos llamaron a la resistencia y a la desobediencia cívica, por ejemplo, no pagando impuestos a autoridades surgidas de comicios fraudulentos. La alianza opositora anunció marchas y otras acciones de protesta. EyT abogó porque “este triste episodio no concluya, como en otros momentos, en oscuras negociaciones entre los actores políticos”. El 16 de noviembre una marcha de protesta en León fue impedida con extrema violencia por grupos de choque armados y organizados por el gobierno.
¿POR QUÉ NO RECTIFICAR?
¿Por qué culminadas elecciones como las que vivimos, y con unos resultados tan cuestionados prácticamente por tan amplios sectores de la sociedad nacional e internacional, el partido de gobierno no decidió rectificar y aclarar al menos algunas cosas -hubiera legitimado los comicios-, sino que contribuyó a más tensión con actos de violencia callejera ante la pasividad de la Policía Nacional?
Podemos especular que el grupo más radical en el actual FSLN consideró que el costo político que pagarían por rectificar y perder Managua y otros municipios era mayor que el que pagarían intimidando indiscriminadamente en las calles y selectivamente a las voces críticas, amenazando a los medios de comunicación que informaban sobre la crisis buscando imponerles silencio.
“PIEDRA SOBRE PIEDRA”
Una de las amenazas más impactantes fue la que hizo Hernán Estrada, Procurador General de la República, el 13 de noviembre, mientras en puntos céntricos de Managua -40 según el secretario del FSLN en Managua- grupos vandálicos atemorizaban a la población y empleados públicos y trabajadores de los ministerios eran obligados a permanecer horas en las esquinas agitando banderas rojinegras.
Dijo Estrada a un buen grupo de periodistas: “Si el Jefe de Estado y líder político del Frente Sandinista, Daniel Ortega, dispusiera llamar a sus partidarios a las calles no quedaría piedra sobre piedra en este país, sobre ninguna emisora, sobre ningún canal de televisión o medio de comunicación que lo adverse. Hay que agradecerle que no lo ha hecho, por la sabiduría y la serenidad del gobernante que tenemos”. Los periodistas que grabaron estas declaraciones quedaron estupefactos. Vilma Núñez de Escorcia, Presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, en donde Estrada dijo esto, reaccionó enseguida: “Es una amenaza y es también una aceptación tácita de que quien impulsa la violencia que estamos viendo es el Presidente Daniel Ortega”.
POR QUÉ NO HACERLO
Razones de peso tiene el partido de gobierno para pagar el costo de exhibir este tipo de amenazas y tratar de imponer el fraude con violencia antes de pagar el costo de perder estas elecciones o de no ganarlas en la medida en que planificó.
Dentro del ALBA, ¿es presentable un partido que se dice revolucionario y que es derrotado por una oposición tan frágil como la que existe hoy en Nicaragua? ¿Cómo explicar un fracaso así a los gobiernos de Bolivia, Ecuador o Venezuela, en donde sus dirigentes se han sometido a escrutinios muy difíciles, con una oposición más organizada y han obtenido mayorías en comicios observados con lupa internacional?
Y otra razón, más interna y no menos importante para los planes gubernamentales: ¿cómo llevar adelante el proyecto estratégico del “poder ciudadano” en municipios dirigidos por alcaldes que no son del partido de gobierno? Conviene recordar -aunque la alianza opositora no enfatizó algo tan crucial en su campaña- que todos los candidatos del FSLN se comprometieron ante Daniel Ortega, incluso lo firmaron, que al ganar obedecerían no al pueblo del municipio, sino las órdenes que les dieran los Consejos del Poder Ciudadano.
Podemos especular que el partido de gobierno apuesta también al paso del tiempo, a esa religiosidad resignada que endulza tantos conflictos en Nicaragua. Apuesta a la impotencia de una sociedad muy desorganizada, muy empobrecida, muy cansada. En un país de memoria tan corta, apuestan a que la crisis se olvidará y a que las fiestas de fin de año, ya a las puertas, restañarán enconos y volverán las aguas a sus cauces.
Terminamos de redactar esta crónica de un conflicto anunciado -aunque tal vez no imaginado en sus dimensiones- a los nueve días del evento electoral. Los “nueve días” son todo un símbolo de duelo y luto en Nicaragua. Nunca sabremos los resultados exactos de los comicios en todos los municipios. Nunca. Hay boletas, actas y hasta urnas que nunca aparecerán. Hay historias personales que no se relatarán y tampoco se conocerán. Lo que pasó quedará velado. Y sea cual sea el resultado final de la crisis institucional, de la crisis política, y de la crisis social que catalizaron estas turbias elecciones, un primer balance es que Nicaragua perdió.
PERDIMOS TODOS
Hemos perdido seriedad y dignidad en el escenario internacional. Y en el escenario nacional ha perdido el proceso democrático, la incipiente conciencia de ciudadanía y de participación cívica de mucha gente. Y la paz. Gran pérdida porque con todo eso se construye desarrollo, porque todo eso Nicaragua lo necesita para ser un país mejor.
La determinación del partido de gobierno en no garantizar transparencia en el proceso electoral para asegurarse, por las malas y a la fuerza, la continuación de su proyecto de poder, nos ha hecho retroceder y nos puede llevar aún más hacia atrás. Podemos augurar una profundización de las rivalidades políticas. Podemos imaginar más intolerancia hacia sus semejantes de parte de los grupos afines al gobierno que se sintieron con poder e impunes para celebrar sus victorias. Podemos prever que se quiera imponer la idea de que para poder trabajar y sobrevivir en Nicaragua hay que aceptar “programas sociales” a cambio de libertades, regalías a cambio de justicia en el cumplimiento de las leyes. Podemos vaticinar más indefensión y más miedo y frustración entre quienes no lograron hacer valer sus derechos y se sienten vigilados en los territorios “marcados” por el vencedor.
El retroceso es muy grande. El poder local ha sido fragilizado, desle¬gitimando a sus autoridades. Irresponsablemente, el gobierno decidió romper el tejido social ahondando la polarización política en familias, vecindarios y territorios. Abrió heridas de guerra que comenzaban a cerrar. Sembró violencia, recogerá violencia. ¿Ganó? Perdimos todos. Perdió Nicaragua.
¿SOÑAMOS?
Desde una visión menos pesimista, esta colosal crisis podría transformarse también en una oportunidad. Por lo menos, en la ocasión para cambiar todo el Poder Electoral nacido del pacto de 1999 renovando a los magistrados que lo dirigen y a sus mandos intermedios, hoy prácticamente al servicio de los intereses del partido de gobierno y muy desacreditados por todo lo ocurrido. También sería una oportunidad para reformar la excluyente Ley Electoral nacida de ese pacto. Bastaría con eso para que este fracaso nacional no fuera tan amargo.
¿Será soñar? Al conocer que Barack Obama había ganado la presidencia de Estados Unidos, desde otra punta del planeta el también negro Nelson Mandela se alegró y dijo: “Su victoria nos demuestra que nadie en ningún lugar del mundo debe renunciar a atreverse al sueño de querer cambiar las cosas”. ¿También en Nicaragua podremos soñar?
jueves 20 de noviembre de 2008
El pueblo contra el pueblo de Gioconda Belli
EL PUEBLO CONTRA EL PUEBLO
Por Gioconda Belli
Para llegar el martes 18 de noviembre a la marcha para protestar contra lo que muchos estamos convencidos ha sido un fraude electoral, hice memoria de mis años de llevar y traer cuadros clandestinos. Hay cosas que uno no olvida, instintos que no se pierden. En esos años, conocer los vericuetos de Managua era una de las habilidades que podían salvarle a uno la vida. Por eso conozco bien mi ciudad. También recordé lo importante que es no tener miedo. El miedo en este tipo de situaciones es mortal. El adversario lo huele y ese olor lo excita. Le sucede a los seres humanos, igual que a los caballos o los perros: detectan el miedo y el reflejo los pone agresivos. Fue así que, desde la carretera sur, a las 2 de la tarde, hice mi camino. Sorteé las rotondas de la Bolívar, la de Cristo Rey. En ambas, grupos relativamente pequeños de personas, agitaban perezosamente banderas rojinegras. Tenían el rostro apagado, ambulaban de aquí para allá con la actitud de quien no tiene más remedio. En dos puntos, en Altamira, me topé con buses atravesados en la calle para impedir el paso y retenes de partidarios del gobierno. En un caso, eran jóvenes con pasa-montañas y lanza morteros. Me detuve y hablé con ellos. Me indicaron los accesos que tenían copados y me dijeron que la marcha “de los liberales” estaba “más arriba” y que iba montones de gente. Cuando aparecieron lucían un poco desafiantes, pero luego de platicar con ellos y verlos a los ojos, de hacer un contacto humano tranquilo, se calmaron y lucieron como lo que eran: jóvenes como tantos. En el otro sitio, varios hombres mayores me pidieron que diera la vuelta, que no había pasada, me hicieron la seña del dos con la mano. Les sonreí, saludé y salí hacia la calle despejada que me condujo al parqueo del Hotel Seminole, a una cuadra del Hotel Princess, el sitio de la concentración. Allí bajé y fui caminando, sola, hacia donde se concentraba el grupo de personas que escuchaban en ese momento a Dora María Tellez. La calle estaba resguardada por policías y me impresionó lo calmos y profesionales que lucían. En la esquina del hotel, el grupo de gente no era muy grande. Era una manifestación como tantas otras, excepto que a una o dos cuadras de distancia, por el norte, el sur, el este y el oeste, los policías anti-motines alineados y compactos, impedían el desborde de una apretada masa de gente con banderas rojinegras, al acecho. En medio del grupo que me rodeaba, vi alguna que otra cara conocida. En su mayoría, sin embargo, quienes estaban allí eran tan pueblo, como los que parecían esperar, tras la barrera policial, la oportunidad para abalanzarse contra los manifestantes. Era una situación insólita realmente. ¿Qué peligro, pensé, podíamos representar aquellos pocos para merecer semejante despliegue? Toda la actividad de la ciudad parecía pender de aquel pequeño espacio en la esquina del Hotel Princess. Subidos sobre una camioneta, flanqueada por anti-motines, varias personas tomaron la palabra. Hubo aplausos del grupo y morterazos de los que nos rodeaban. Desde donde estaba, podía entrever el forcejeo con la policía: la gente quería romper la barrera y lanzársenos encima. Corrió el rumor de que ya se había dado la orden a los anti-motines de romper filas. Imaginé los espíritus exaltados, los que vendrían riendo con esa risa peculiar que tenemos los nicas en los molotes, y que, en medio de las trifulcas aparece como si se tratara de una fiesta y no de una circunstancia grave. Imaginé los palos, las piedras, los bates, el efecto contagioso de la psicología de masas que envalentona hasta al más cobarde. Era, sin duda, una situación de extremo peligro cuyo desenlace nadie podía prever con certeza. Afortunadamente, aunque el retiro fue desordenado, el combate frontal no se dio gracias a la labor policial. Los muchachos a quienes el gobierno ha dado licencia para golpear y amenazar, hirieron con pedradas a más de alguno, pero la mayoría nos pusimos a salvo, gracias a la solidaridad de los vecinos de las cuadras aledañas a la concentración, que nos abrieron las puertas de sus casas y nos ofrecieron refugio. Por más de dos horas, sonaron los morteros, los gritos, hasta que poco a poco, se hizo el silencio.
Mi conclusión, tras esta experiencia, es que aquí hay hombres que se están resguardando tras las faldas de una mujer y esa mujer es el pueblo de Nicaragua. El pueblo es liberal, sandinista, danielista, emerecista, conservador etc, etc. Dentro de cada tendencia política hay de todo: oligarcas, cheles, morenos, culos rosados y culos de todos los colores. Pregonar la creencia de que pueblo es sólo el que piensa como el que gobierna es una manipulación alevosa que persigue exactamente lo que está logrando: echarnos a pelear unos contra otros, como si la salvación y el derecho de un lado sólo pudiera existir si se suprime el del otro lado. El planteamiento es absurdo, auto-destructivo e irrespetuoso del mismo pueblo que estos gobernantes dicen defender. Porque es un irrespeto sacar a la gente de sus trabajos, de sus comunidades, para lanzarlos a las calles a que impongan con violencia, lo que sus autoridades no pueden sostener con la razón y la ley. Es un irrespeto no responder limpiamente a los reclamos de quienes arguyen que sus derechos no están siendo atendidos. Es un irrespeto arrastrar al pueblo a una confrontación cuando la solución del conflicto se tiene en la mano.
Pero a estas autoridades nuestras parece que les es más fácil mirar desde sus lejanos puestos de observación cómo se desatan las pasiones más lesivas, la intolerancia y la anarquía, que enfrentar su obligación de presentar cuentas claras de su gestión. Ante esta actitud, uno tiene derecho y hasta obligación de preguntarse si lo que pasa es que no las tienen. Máxime que hay pruebas irrefutables de malos manejos. A estas alturas, yo, por ejemplo, no sé dónde quedó mi voto. Mi junta, la 9480 del Colegio Calasanz donde voté, no aparece en los registros del CSE. Nadie de los que anda en la calle con banderas y alborotos tiene derecho a exigirme o a exigir a cualquier otro ciudadano que se olvide del por qué de estas irregularidades.
Pero quienes saben que no pueden dar respuesta, recurren a la vieja cantinela de que los Estados Unidos está “desestabilizando” al gobierno. Para impedir las protestas de los que se sienten agraviados, sacan al pueblo que los apoya a la calle e inventan la patraña de que la razón de su presencia es la demanda de que el CSE se pronuncie. Los ponen a exigir que se violente el calendario establecido y que se den resultados, no cuando se aclaren los nublados que existen, sino cuanto antes, hoy mismo, no importa lo que diga la ley. Otra vez la consigna es usar al pueblo para que solo se ensarte el puñal, para que se enfrente consigo mismo, en nombre de una victoria que el propio gobierno que los incita a hostigar y apedrear, aún no ha podido demostrar que existe, más allá de toda duda.
Esta política de separar al pueblo entre unos que tienen derecho a todo y otros que no tienen derecho a nada es lo que criticamos de las oligarquías y los imperialismos. Pero tan malo es cuando lo hace un lado, como cuando lo hace el otro. Ese fue el pecado de los totalitarismos, fue el pecado de la misma revolución sandinista de los 80. La lucha de clases dentro de una existencia democrática, tiene que ser sustituida por la lucha por la igualdad y la justicia social. Ya en el siglo XX, en los países del Este, vimos los resultados de instituir una “dictadura del proletariado”. La dictadura, venga de donde venga, niega la libertad y tarde o temprano, esa negación conduce a la rebelión porque, en la práctica, lo que sucede es el juego de “quítate tú para ponerme yo”. Siempre hay unos que acaban siendo más iguales que otros. En estos tiempos la manera de combatir las derechas y las enormes fortunas, es la política fiscal: que el rico contribuya con sus impuestos a la educación, a la salud, a la vivienda del pobre. A menos que exista un plan de exterminación contra los ricos –en cuyo caso las mismas filas del gobierno se verían muy mermadas- lo demás es pose, retórica y la consecuencia es el empobrecimiento de todos y el aislamiento del país.
Hay que abrir los ojos, reflexionar, no dejarse manejar por las pasiones ajenas. De nosotros depende aceptar que tendremos que navegar juntos en este barco llamado Nicaragua. No permitamos que nos sigan contando cuentos de caminos y que nos echen a pelear unos contra otros en vez de gobernar responsablemente y entregar cuentas de sus entuertos.
Managua, Noviembre 19, 2008
Por Gioconda Belli
Para llegar el martes 18 de noviembre a la marcha para protestar contra lo que muchos estamos convencidos ha sido un fraude electoral, hice memoria de mis años de llevar y traer cuadros clandestinos. Hay cosas que uno no olvida, instintos que no se pierden. En esos años, conocer los vericuetos de Managua era una de las habilidades que podían salvarle a uno la vida. Por eso conozco bien mi ciudad. También recordé lo importante que es no tener miedo. El miedo en este tipo de situaciones es mortal. El adversario lo huele y ese olor lo excita. Le sucede a los seres humanos, igual que a los caballos o los perros: detectan el miedo y el reflejo los pone agresivos. Fue así que, desde la carretera sur, a las 2 de la tarde, hice mi camino. Sorteé las rotondas de la Bolívar, la de Cristo Rey. En ambas, grupos relativamente pequeños de personas, agitaban perezosamente banderas rojinegras. Tenían el rostro apagado, ambulaban de aquí para allá con la actitud de quien no tiene más remedio. En dos puntos, en Altamira, me topé con buses atravesados en la calle para impedir el paso y retenes de partidarios del gobierno. En un caso, eran jóvenes con pasa-montañas y lanza morteros. Me detuve y hablé con ellos. Me indicaron los accesos que tenían copados y me dijeron que la marcha “de los liberales” estaba “más arriba” y que iba montones de gente. Cuando aparecieron lucían un poco desafiantes, pero luego de platicar con ellos y verlos a los ojos, de hacer un contacto humano tranquilo, se calmaron y lucieron como lo que eran: jóvenes como tantos. En el otro sitio, varios hombres mayores me pidieron que diera la vuelta, que no había pasada, me hicieron la seña del dos con la mano. Les sonreí, saludé y salí hacia la calle despejada que me condujo al parqueo del Hotel Seminole, a una cuadra del Hotel Princess, el sitio de la concentración. Allí bajé y fui caminando, sola, hacia donde se concentraba el grupo de personas que escuchaban en ese momento a Dora María Tellez. La calle estaba resguardada por policías y me impresionó lo calmos y profesionales que lucían. En la esquina del hotel, el grupo de gente no era muy grande. Era una manifestación como tantas otras, excepto que a una o dos cuadras de distancia, por el norte, el sur, el este y el oeste, los policías anti-motines alineados y compactos, impedían el desborde de una apretada masa de gente con banderas rojinegras, al acecho. En medio del grupo que me rodeaba, vi alguna que otra cara conocida. En su mayoría, sin embargo, quienes estaban allí eran tan pueblo, como los que parecían esperar, tras la barrera policial, la oportunidad para abalanzarse contra los manifestantes. Era una situación insólita realmente. ¿Qué peligro, pensé, podíamos representar aquellos pocos para merecer semejante despliegue? Toda la actividad de la ciudad parecía pender de aquel pequeño espacio en la esquina del Hotel Princess. Subidos sobre una camioneta, flanqueada por anti-motines, varias personas tomaron la palabra. Hubo aplausos del grupo y morterazos de los que nos rodeaban. Desde donde estaba, podía entrever el forcejeo con la policía: la gente quería romper la barrera y lanzársenos encima. Corrió el rumor de que ya se había dado la orden a los anti-motines de romper filas. Imaginé los espíritus exaltados, los que vendrían riendo con esa risa peculiar que tenemos los nicas en los molotes, y que, en medio de las trifulcas aparece como si se tratara de una fiesta y no de una circunstancia grave. Imaginé los palos, las piedras, los bates, el efecto contagioso de la psicología de masas que envalentona hasta al más cobarde. Era, sin duda, una situación de extremo peligro cuyo desenlace nadie podía prever con certeza. Afortunadamente, aunque el retiro fue desordenado, el combate frontal no se dio gracias a la labor policial. Los muchachos a quienes el gobierno ha dado licencia para golpear y amenazar, hirieron con pedradas a más de alguno, pero la mayoría nos pusimos a salvo, gracias a la solidaridad de los vecinos de las cuadras aledañas a la concentración, que nos abrieron las puertas de sus casas y nos ofrecieron refugio. Por más de dos horas, sonaron los morteros, los gritos, hasta que poco a poco, se hizo el silencio.
Mi conclusión, tras esta experiencia, es que aquí hay hombres que se están resguardando tras las faldas de una mujer y esa mujer es el pueblo de Nicaragua. El pueblo es liberal, sandinista, danielista, emerecista, conservador etc, etc. Dentro de cada tendencia política hay de todo: oligarcas, cheles, morenos, culos rosados y culos de todos los colores. Pregonar la creencia de que pueblo es sólo el que piensa como el que gobierna es una manipulación alevosa que persigue exactamente lo que está logrando: echarnos a pelear unos contra otros, como si la salvación y el derecho de un lado sólo pudiera existir si se suprime el del otro lado. El planteamiento es absurdo, auto-destructivo e irrespetuoso del mismo pueblo que estos gobernantes dicen defender. Porque es un irrespeto sacar a la gente de sus trabajos, de sus comunidades, para lanzarlos a las calles a que impongan con violencia, lo que sus autoridades no pueden sostener con la razón y la ley. Es un irrespeto no responder limpiamente a los reclamos de quienes arguyen que sus derechos no están siendo atendidos. Es un irrespeto arrastrar al pueblo a una confrontación cuando la solución del conflicto se tiene en la mano.
Pero a estas autoridades nuestras parece que les es más fácil mirar desde sus lejanos puestos de observación cómo se desatan las pasiones más lesivas, la intolerancia y la anarquía, que enfrentar su obligación de presentar cuentas claras de su gestión. Ante esta actitud, uno tiene derecho y hasta obligación de preguntarse si lo que pasa es que no las tienen. Máxime que hay pruebas irrefutables de malos manejos. A estas alturas, yo, por ejemplo, no sé dónde quedó mi voto. Mi junta, la 9480 del Colegio Calasanz donde voté, no aparece en los registros del CSE. Nadie de los que anda en la calle con banderas y alborotos tiene derecho a exigirme o a exigir a cualquier otro ciudadano que se olvide del por qué de estas irregularidades.
Pero quienes saben que no pueden dar respuesta, recurren a la vieja cantinela de que los Estados Unidos está “desestabilizando” al gobierno. Para impedir las protestas de los que se sienten agraviados, sacan al pueblo que los apoya a la calle e inventan la patraña de que la razón de su presencia es la demanda de que el CSE se pronuncie. Los ponen a exigir que se violente el calendario establecido y que se den resultados, no cuando se aclaren los nublados que existen, sino cuanto antes, hoy mismo, no importa lo que diga la ley. Otra vez la consigna es usar al pueblo para que solo se ensarte el puñal, para que se enfrente consigo mismo, en nombre de una victoria que el propio gobierno que los incita a hostigar y apedrear, aún no ha podido demostrar que existe, más allá de toda duda.
Esta política de separar al pueblo entre unos que tienen derecho a todo y otros que no tienen derecho a nada es lo que criticamos de las oligarquías y los imperialismos. Pero tan malo es cuando lo hace un lado, como cuando lo hace el otro. Ese fue el pecado de los totalitarismos, fue el pecado de la misma revolución sandinista de los 80. La lucha de clases dentro de una existencia democrática, tiene que ser sustituida por la lucha por la igualdad y la justicia social. Ya en el siglo XX, en los países del Este, vimos los resultados de instituir una “dictadura del proletariado”. La dictadura, venga de donde venga, niega la libertad y tarde o temprano, esa negación conduce a la rebelión porque, en la práctica, lo que sucede es el juego de “quítate tú para ponerme yo”. Siempre hay unos que acaban siendo más iguales que otros. En estos tiempos la manera de combatir las derechas y las enormes fortunas, es la política fiscal: que el rico contribuya con sus impuestos a la educación, a la salud, a la vivienda del pobre. A menos que exista un plan de exterminación contra los ricos –en cuyo caso las mismas filas del gobierno se verían muy mermadas- lo demás es pose, retórica y la consecuencia es el empobrecimiento de todos y el aislamiento del país.
Hay que abrir los ojos, reflexionar, no dejarse manejar por las pasiones ajenas. De nosotros depende aceptar que tendremos que navegar juntos en este barco llamado Nicaragua. No permitamos que nos sigan contando cuentos de caminos y que nos echen a pelear unos contra otros en vez de gobernar responsablemente y entregar cuentas de sus entuertos.
Managua, Noviembre 19, 2008
miércoles 19 de noviembre de 2008
Todavía es tiempo de Luis Enrique Mejía Godoy
Por Luis Enrique Mejía Godoy
TODAVÍA ES TIEMPO
No quiero acostarme, aunque sé que no tendré un sueño tranquilo esta noche, sin expresar lo que siento en este momento por todo lo que ha sucedido entre el domingo 16 y la tarde de hoy, martes 18 de noviembre.
Pienso que estamos viviendo, desde hace años, y por eso se ha acumulado, peligrosamente, un proceso de descomposición social que no tiene comparación en la historia de nuestro querido y sufrido país. No soy sociólogo ni politólogo ni analista político. Soy un artista, pero sobre todo, un ciudadano sensible a todo lo que mi corazón y conciencia perciben y lo que puedo ver claramente frente a mis ojos. Esto, sin duda, es el producto de una acumulación de, pobreza, ignorancia, analfabetismo, intolerancia y barbarie, todo manipulado por la corrupción política, los pactos, la obsesión del Poder y la burla y violación a los principios más elementales de los derechos ciudadanos de todos los nicaragüenses sin distinción de signo ideológico o preferencia partidaria... Por supuesto que la actual crisis tiene nombre y apellido, no cabe ninguna duda.
Con vergüenza e impotencia, he visto lo sucedido el domingo en León y especialmente, lo que ha sucedido hoy martes en Managua. Esta tarde he visto en las imágenes de la televisión una ciudad muy lejos de los propósitos de Dios. He escuchado, con asombro y vergüenza, los increíbles comentarios de los que desde, un periodismo terrorista y cobarde (no se me ocurren otros calificativos), utilizan el lenguaje más violento y extremista para justificar la movilización desde distintos puntos del país, de cientos de delincuentes, vándalos, criminales, pandilleros y facinerosos, como una legítima expresión de la libertad del pueblo. Realmente me da tristeza, pero al mismo tiempo, asco!
Creo que es urgente que los periodistas imparciales hagan un llamado a todo su gremio para que algunos de sus miembros no sigan llamando el caos y a la anarquía, porque esta profesión y oficio tan importante para nuestra sociedad y la democracia, tiene una gran cuota de responsabilidad cuando se responde a intereses partidarios y se cultiva el más oscuro rencor en el corazón de nuestro pueblo. Por supuesto, desgraciadamente, algunos ciudadanos periodistas han sufrido en su propia humanidad la terrible y desmesurada reacción de los violentos. Para ellos, toda mi solidaridad.
Carlos Fonseca Amador debe estar llorando desde su tumba. Porque “su carabina disparando auroras…” desde las montañas de Zinica para liberarnos de la tiranía, nada tiene que ver con los garrotes, machetes, piedras y morteros asesinos de estos desgraciados hijos de nuestra querida Nicaragüita que, (es el colmo!) vestidos con camisetas con la consigna “Puede más el amor que el odio”, y respondiendo a las órdenes de sus líderes, son capaces de tomarse rotondas, calles y carreteras, incendiar vehículos, destruir la propiedad privada y enfrentar a un cuerpo policial que sólo observa detrás de los escudos transparentes bajo un mar de piedras e insultos de, (en la mayoría) chavalos que echan espuma por la boca y se les ve una concentrada hostilidad mezclada con alcohol y drogas en esos ojos de rostros ocultos por pañuelos rojinegros, pasamontañas y camisetas con agujeros, todo un paisaje que ya se nos hace casi natural, o “folklórico”, como dijo un irresponsable dirigente orteguista.
Trato de explicarle a mi hija Tania, que apenas tiene 19 años, lo que yo mismo no puedo entender… Nos preguntamos con Lucía, ¿hacia dónde nos quiere llevar la arrogancia del danielismo? ¿Qué pretexto absurdo tendría yo para decir que hay que salir a las calles a devolver violencia por violencia al 38% de los que lo eligieron? Sería una estupidez, aunque fuera el 50% de nuestra población la que es lanzada al suicidio con la justificación de haber obtenido los votos mayoritarios en las últimas elecciones. Creo que es como agregarle más gasolina al fuego, cuando Managua arde con lenguas de fuego que parecen salidas del mismo infierno…! Mientras tanto, el Cardenal calla, es decir, otorga y el Presidente, seguramente escribe el próximo discurso para arengar a los “pobres del mundo” con el puño en alto, en lo que podría ser, si las cosas siguen el curso equivocado de la violencia, su última comparecencia.
¿Dónde están los verdaderos militantes del histórico FSLN? ¿Dónde quedó su mística, su entrega y su amor por Nicaragua? ¿Se habrá borrado ya la sangre de todos los que cayeron por la libertad de este país…? ¿Qué se hizo la conciencia revolucionaria?
Todavía es tiempo de apagar ese fuego criminal si en Nicaragua queda aún gente que ama a su patria y su bandera, y en vez de callar o replegarse, ser capaces de movilizar la conciencia, advirtiendo que podemos entrar en una espiral irreversible de violencia, o de nuevo, a un costo altísimo de sangre, incentivar otra guerra entre hermanos, cuando apenas se restañan las heridas de un violento pasado que muchos de los jóvenes no conocieron y que hoy son manipulados e instrumentalizados por un partido, para salir a las calles agresivamente a violentar la frágil democracia de nuestro pueblo.
Todavía es tiempo de salvar la patria.
Luis Enrique Mejía Godoy
Nicaragüita, 18 de noviembre, 2008
TODAVÍA ES TIEMPO
No quiero acostarme, aunque sé que no tendré un sueño tranquilo esta noche, sin expresar lo que siento en este momento por todo lo que ha sucedido entre el domingo 16 y la tarde de hoy, martes 18 de noviembre.
Pienso que estamos viviendo, desde hace años, y por eso se ha acumulado, peligrosamente, un proceso de descomposición social que no tiene comparación en la historia de nuestro querido y sufrido país. No soy sociólogo ni politólogo ni analista político. Soy un artista, pero sobre todo, un ciudadano sensible a todo lo que mi corazón y conciencia perciben y lo que puedo ver claramente frente a mis ojos. Esto, sin duda, es el producto de una acumulación de, pobreza, ignorancia, analfabetismo, intolerancia y barbarie, todo manipulado por la corrupción política, los pactos, la obsesión del Poder y la burla y violación a los principios más elementales de los derechos ciudadanos de todos los nicaragüenses sin distinción de signo ideológico o preferencia partidaria... Por supuesto que la actual crisis tiene nombre y apellido, no cabe ninguna duda.
Con vergüenza e impotencia, he visto lo sucedido el domingo en León y especialmente, lo que ha sucedido hoy martes en Managua. Esta tarde he visto en las imágenes de la televisión una ciudad muy lejos de los propósitos de Dios. He escuchado, con asombro y vergüenza, los increíbles comentarios de los que desde, un periodismo terrorista y cobarde (no se me ocurren otros calificativos), utilizan el lenguaje más violento y extremista para justificar la movilización desde distintos puntos del país, de cientos de delincuentes, vándalos, criminales, pandilleros y facinerosos, como una legítima expresión de la libertad del pueblo. Realmente me da tristeza, pero al mismo tiempo, asco!
Creo que es urgente que los periodistas imparciales hagan un llamado a todo su gremio para que algunos de sus miembros no sigan llamando el caos y a la anarquía, porque esta profesión y oficio tan importante para nuestra sociedad y la democracia, tiene una gran cuota de responsabilidad cuando se responde a intereses partidarios y se cultiva el más oscuro rencor en el corazón de nuestro pueblo. Por supuesto, desgraciadamente, algunos ciudadanos periodistas han sufrido en su propia humanidad la terrible y desmesurada reacción de los violentos. Para ellos, toda mi solidaridad.
Carlos Fonseca Amador debe estar llorando desde su tumba. Porque “su carabina disparando auroras…” desde las montañas de Zinica para liberarnos de la tiranía, nada tiene que ver con los garrotes, machetes, piedras y morteros asesinos de estos desgraciados hijos de nuestra querida Nicaragüita que, (es el colmo!) vestidos con camisetas con la consigna “Puede más el amor que el odio”, y respondiendo a las órdenes de sus líderes, son capaces de tomarse rotondas, calles y carreteras, incendiar vehículos, destruir la propiedad privada y enfrentar a un cuerpo policial que sólo observa detrás de los escudos transparentes bajo un mar de piedras e insultos de, (en la mayoría) chavalos que echan espuma por la boca y se les ve una concentrada hostilidad mezclada con alcohol y drogas en esos ojos de rostros ocultos por pañuelos rojinegros, pasamontañas y camisetas con agujeros, todo un paisaje que ya se nos hace casi natural, o “folklórico”, como dijo un irresponsable dirigente orteguista.
Trato de explicarle a mi hija Tania, que apenas tiene 19 años, lo que yo mismo no puedo entender… Nos preguntamos con Lucía, ¿hacia dónde nos quiere llevar la arrogancia del danielismo? ¿Qué pretexto absurdo tendría yo para decir que hay que salir a las calles a devolver violencia por violencia al 38% de los que lo eligieron? Sería una estupidez, aunque fuera el 50% de nuestra población la que es lanzada al suicidio con la justificación de haber obtenido los votos mayoritarios en las últimas elecciones. Creo que es como agregarle más gasolina al fuego, cuando Managua arde con lenguas de fuego que parecen salidas del mismo infierno…! Mientras tanto, el Cardenal calla, es decir, otorga y el Presidente, seguramente escribe el próximo discurso para arengar a los “pobres del mundo” con el puño en alto, en lo que podría ser, si las cosas siguen el curso equivocado de la violencia, su última comparecencia.
¿Dónde están los verdaderos militantes del histórico FSLN? ¿Dónde quedó su mística, su entrega y su amor por Nicaragua? ¿Se habrá borrado ya la sangre de todos los que cayeron por la libertad de este país…? ¿Qué se hizo la conciencia revolucionaria?
Todavía es tiempo de apagar ese fuego criminal si en Nicaragua queda aún gente que ama a su patria y su bandera, y en vez de callar o replegarse, ser capaces de movilizar la conciencia, advirtiendo que podemos entrar en una espiral irreversible de violencia, o de nuevo, a un costo altísimo de sangre, incentivar otra guerra entre hermanos, cuando apenas se restañan las heridas de un violento pasado que muchos de los jóvenes no conocieron y que hoy son manipulados e instrumentalizados por un partido, para salir a las calles agresivamente a violentar la frágil democracia de nuestro pueblo.
Todavía es tiempo de salvar la patria.
Luis Enrique Mejía Godoy
Nicaragüita, 18 de noviembre, 2008
Importante comunicado del CENIDH
El CENIDH es dirigida por doña Vilma Núñez, luchadora social y activista de los Derechos Humanos de toda una vida.
Martes 18 de noviembre, 2008
COMUNICADO URGENTE
El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, CENIDH expresa a la opinión pública nacional e internacional su indignación por el atropello reiterado de los derechos y libertades de los nicaragüenses.
Lo que hemos visto la tarde de hoy 18 de noviembre, es la obstaculización agresiva del derecho de manifestación de un sector del pueblo nicaragüense. Se está sentando así el gravísimo precedente de que simpatizantes del FSLN y empleados del gobierno, coludidos por órdenes superiores, en una muestra evidente de la confusión Estado – Partido agreden impunemente, tanto física como psicológicamente a la población en general y a quienes demandan respeto a la voluntad popular expresada en las urnas.
Condenamos enérgicamente esta consolidación de la confusión Estado - Partido como política de Estado y mecanismo de gobierno. Ante la anunciada manifestación de la oposición, el gobierno, desde el día de ayer decidió que las Instituciones del Estado concluirían su jornada al mediodía de hoy, y se ha visto el espectáculo grotesco de altos funcionarios del Estado encabezando el desorden y la agresión que estamos condenando como violaciones graves de Derechos Humanos.
La acciones protagonizadas por el partido de gobierno la tarde de hoy, no fueron una celebración espontánea, como afirma el oficialismo, ni el ejercicio de un legitimo derecho de petición ante el Consejo Supremo Electoral, sino una movilización delictiva organizada con los recursos que brinda el poder, y el abuso de los mismos, con personas traídas desde León, Masaya, Chinandega y otros departamentos, para impedir que se realizara la marcha convocada por la oposición.
Los hechos violentos a que hacemos referencia son la continuación de un actuar delictivo del partido de gobierno. Las fuerzas de choque en que ha convertido la dirigencia partidaria a sus simpatizantes han sitiado Managua. Enmascarados, armados de palos, piedras y morteros amenazan y agraden a la ciudadanía. En tanto, su líder brilla por su ausencia, supuestamente resguardado en su residencia saboreando el fruto del caos en que su errático proceder gubernamental y partidario ha conducido al país, imponiendo por las vías de hecho la suspensión de las garantías y libertades de la población.
Como organismo de derechos humanos no nos cansaremos en reiterar nuestro llamado al Presidente Daniel Ortega a que rectifique y deje de azuzar la violencia e impedir que la gente se manifieste libremente. Nuestro llamado a los simpatizantes del FSLN, a no seguir dejándose instrumentalizar. Nuestro llamado también a la oposición a ejercer su derecho de manifestarse cívicamente y no responder con los mismos métodos violentos con que se les agrede.
Hacemos un llamado a la Policía Nacional, en uno de los momentos más difíciles y dramáticos en su vida institucional. La Policía Nacional se ha visto ciertamente desbordada por los hechos y por actores manipulados que no tienen reparo en erigirse en “autoridad” y proceder arbitrariamente. Ante estos hechos la Policía Nacional debe persistir en su empeño por defender su institucionalidad y el derecho a la vida de los nicaragüenses como la prioridad que expresara la Comisionada General Aminta Granera y considera que el actuar policial debe también contribuir a la garantía de los demás derechos reconocidos constitucionalmente.
El CENIDH reitera su condena a estos actos de violencia, se solidariza con todas las personas agredidas física y psicológicamente, especialmente con los medios de comunicación y con los periodistas que hoy cosechan la carga de odio que sobre ellos ha impulsado el actual gobierno como una política de comunicación gubernamental.
El gobierno debe rectificar porque con esta actuación está erosionando las bases de la convivencia pacífica de los nicaragüenses y amenazando de manera irreparable el ejercicio de los derechos humanos, la democracia y el desarrollo de nuestro país.
Managua, 18 de noviembre de 2008
Martes 18 de noviembre, 2008
COMUNICADO URGENTE
El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos, CENIDH expresa a la opinión pública nacional e internacional su indignación por el atropello reiterado de los derechos y libertades de los nicaragüenses.
Lo que hemos visto la tarde de hoy 18 de noviembre, es la obstaculización agresiva del derecho de manifestación de un sector del pueblo nicaragüense. Se está sentando así el gravísimo precedente de que simpatizantes del FSLN y empleados del gobierno, coludidos por órdenes superiores, en una muestra evidente de la confusión Estado – Partido agreden impunemente, tanto física como psicológicamente a la población en general y a quienes demandan respeto a la voluntad popular expresada en las urnas.
Condenamos enérgicamente esta consolidación de la confusión Estado - Partido como política de Estado y mecanismo de gobierno. Ante la anunciada manifestación de la oposición, el gobierno, desde el día de ayer decidió que las Instituciones del Estado concluirían su jornada al mediodía de hoy, y se ha visto el espectáculo grotesco de altos funcionarios del Estado encabezando el desorden y la agresión que estamos condenando como violaciones graves de Derechos Humanos.
La acciones protagonizadas por el partido de gobierno la tarde de hoy, no fueron una celebración espontánea, como afirma el oficialismo, ni el ejercicio de un legitimo derecho de petición ante el Consejo Supremo Electoral, sino una movilización delictiva organizada con los recursos que brinda el poder, y el abuso de los mismos, con personas traídas desde León, Masaya, Chinandega y otros departamentos, para impedir que se realizara la marcha convocada por la oposición.
Los hechos violentos a que hacemos referencia son la continuación de un actuar delictivo del partido de gobierno. Las fuerzas de choque en que ha convertido la dirigencia partidaria a sus simpatizantes han sitiado Managua. Enmascarados, armados de palos, piedras y morteros amenazan y agraden a la ciudadanía. En tanto, su líder brilla por su ausencia, supuestamente resguardado en su residencia saboreando el fruto del caos en que su errático proceder gubernamental y partidario ha conducido al país, imponiendo por las vías de hecho la suspensión de las garantías y libertades de la población.
Como organismo de derechos humanos no nos cansaremos en reiterar nuestro llamado al Presidente Daniel Ortega a que rectifique y deje de azuzar la violencia e impedir que la gente se manifieste libremente. Nuestro llamado a los simpatizantes del FSLN, a no seguir dejándose instrumentalizar. Nuestro llamado también a la oposición a ejercer su derecho de manifestarse cívicamente y no responder con los mismos métodos violentos con que se les agrede.
Hacemos un llamado a la Policía Nacional, en uno de los momentos más difíciles y dramáticos en su vida institucional. La Policía Nacional se ha visto ciertamente desbordada por los hechos y por actores manipulados que no tienen reparo en erigirse en “autoridad” y proceder arbitrariamente. Ante estos hechos la Policía Nacional debe persistir en su empeño por defender su institucionalidad y el derecho a la vida de los nicaragüenses como la prioridad que expresara la Comisionada General Aminta Granera y considera que el actuar policial debe también contribuir a la garantía de los demás derechos reconocidos constitucionalmente.
El CENIDH reitera su condena a estos actos de violencia, se solidariza con todas las personas agredidas física y psicológicamente, especialmente con los medios de comunicación y con los periodistas que hoy cosechan la carga de odio que sobre ellos ha impulsado el actual gobierno como una política de comunicación gubernamental.
El gobierno debe rectificar porque con esta actuación está erosionando las bases de la convivencia pacífica de los nicaragüenses y amenazando de manera irreparable el ejercicio de los derechos humanos, la democracia y el desarrollo de nuestro país.
Managua, 18 de noviembre de 2008
Sobre publicación de comentarios
A manera de aclaración, no publico textos anónimos ni que contengan insultos.
ACR
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Tiene razón John Carlin: en Nicaragua “reinan hoy los cerdos” de Irene Selser
Tiene razón John Carlin: en Nicaragua “reinan hoy los cerdos”
Irene Selser
Miércoles, 19 Noviembre, 2008
Célebre por sus reportajes desde el centro de los conflictos, ya sea en Tokoza o Kathehong, a escasos kilómetros de Johanesburgo, cuando el apartheid era el sello de Sudáfrica, o bien cubriendo en los años 80 para el londinense The Independent las guerras civiles en Centroamérica, el periodista británico John Carlin escribió en su espacio habitual en El País un texto preciso y contundente sobre los desmandes que está cometiendo en Nicaragua el neosomocista Daniel Ortega, cuyo régimen es calificado por Carlin como “un himno al cinismo”.
Bajo el título “El reino de los cerdos”, en alusión al libro antológico de George Orwell, Rebelión en la granja, la gran parábola sobre los autoritarismos del siglo XX, Carlin recuerda a los “jóvenes, románticos, idealistas” líderes del sandinismo que en 1979 encabezaron una insurrección que derrocó medio siglo de dinastía somocista. Once años más tarde, la revolución acabaría en las urnas por un voto popular exhausto de poner 30 mil muertos en la guerra de los “contras” y por todo tipo de carestías.
Estábamos en Managua en marzo de 1990 cuando el aún presidente Daniel Ortega juró en una plaza pública “gobernar desde abajo”, dando a entender que “la vanguardia” —siempre “preclara y combativa”— aceptaba la derrota y estaba dispuesta a comenzar de nuevo, reagrupándose desde y con las masas. Pero lo que hizo Ortega y un sector del liderazgo (muchos otros como Sergio Ramírez, Dora María Téllez y el poeta Ernesto Cardenal no tardarían en romper filas) fue diseñar el regreso al poder a cualquier costo.
Para Carlin, “dos años después de la vuelta al poder del sandinismo, no hay ni ideales, ni poesía, ni romance. El régimen que preside Ortega es un himno al cinismo. El indisimulado pirateo de las elecciones municipales quese acaban de celebrar es nada más que la expresión más reciente de un modus operandi que se define por la cara dura y cuyo primer y único objetivo es el poder”.
Coincidimos con Carlin cuando dice que el viraje al oportunismo se vio venir en 2006, cuando a Ortega, “un declarado ateo en los años revolucionarios, se le dio por aparecer en primera fila en las misas de su antiguo archienemigo, el cardenal Obando”.
“El círculo orwelliano se ha cerrado. El discurso es diferente, y más hipócrita, pero los métodos son los mismos”, añade Carlin, recordando a los cerdos de Orwell que, tras encabezar la rebelión doméstica terminaron cayendo en los mismos usos y abusos de sus amos. “Y mientras el presidente y sus acólitos seenriquecen —añade— Nicaragua sigue siendo el país más pobre de América Latina. El sandinismo de Ortega ha convertido al país en el reino de los cerdos de Orwell, aquel donde ‘todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros’”, concluye el periodista.
Irene Selser
Miércoles, 19 Noviembre, 2008
Célebre por sus reportajes desde el centro de los conflictos, ya sea en Tokoza o Kathehong, a escasos kilómetros de Johanesburgo, cuando el apartheid era el sello de Sudáfrica, o bien cubriendo en los años 80 para el londinense The Independent las guerras civiles en Centroamérica, el periodista británico John Carlin escribió en su espacio habitual en El País un texto preciso y contundente sobre los desmandes que está cometiendo en Nicaragua el neosomocista Daniel Ortega, cuyo régimen es calificado por Carlin como “un himno al cinismo”.
Bajo el título “El reino de los cerdos”, en alusión al libro antológico de George Orwell, Rebelión en la granja, la gran parábola sobre los autoritarismos del siglo XX, Carlin recuerda a los “jóvenes, románticos, idealistas” líderes del sandinismo que en 1979 encabezaron una insurrección que derrocó medio siglo de dinastía somocista. Once años más tarde, la revolución acabaría en las urnas por un voto popular exhausto de poner 30 mil muertos en la guerra de los “contras” y por todo tipo de carestías.
Estábamos en Managua en marzo de 1990 cuando el aún presidente Daniel Ortega juró en una plaza pública “gobernar desde abajo”, dando a entender que “la vanguardia” —siempre “preclara y combativa”— aceptaba la derrota y estaba dispuesta a comenzar de nuevo, reagrupándose desde y con las masas. Pero lo que hizo Ortega y un sector del liderazgo (muchos otros como Sergio Ramírez, Dora María Téllez y el poeta Ernesto Cardenal no tardarían en romper filas) fue diseñar el regreso al poder a cualquier costo.
Para Carlin, “dos años después de la vuelta al poder del sandinismo, no hay ni ideales, ni poesía, ni romance. El régimen que preside Ortega es un himno al cinismo. El indisimulado pirateo de las elecciones municipales quese acaban de celebrar es nada más que la expresión más reciente de un modus operandi que se define por la cara dura y cuyo primer y único objetivo es el poder”.
Coincidimos con Carlin cuando dice que el viraje al oportunismo se vio venir en 2006, cuando a Ortega, “un declarado ateo en los años revolucionarios, se le dio por aparecer en primera fila en las misas de su antiguo archienemigo, el cardenal Obando”.
“El círculo orwelliano se ha cerrado. El discurso es diferente, y más hipócrita, pero los métodos son los mismos”, añade Carlin, recordando a los cerdos de Orwell que, tras encabezar la rebelión doméstica terminaron cayendo en los mismos usos y abusos de sus amos. “Y mientras el presidente y sus acólitos seenriquecen —añade— Nicaragua sigue siendo el país más pobre de América Latina. El sandinismo de Ortega ha convertido al país en el reino de los cerdos de Orwell, aquel donde ‘todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros’”, concluye el periodista.
El reino de los cerdos de John Carlin
http://www.elpais.com/articulo/internacional/reino/cerdos/elpepiint
ANÁLISIS: La crisis nicaragüense
El reino de los cerdos
JOHN CARLIN 14/11/2008
Un libro que debería ser de lectura obligatoria para todos los políticos, pero especialmente para aquellos que pretenden verse como liberadores, es Rebelión en la granja, de George Orwell. Parábola por excelencia de los autoritarismos del siglo XX, el libro trata de una sublevación de animales contra granjeros y el establecimiento de un nuevo modelo político basado en la igualdad y la justicia. Al final del libro, los dirigentes de la revolución, los cerdos, se han vuelto como sus antiguos amos humanos. Comparten un festín, mientras el resto de los animales les miran por la ventana, incapaces de distinguir entre los unos y los otros.
El régimen que preside Daniel Ortega es un himno al cinismo
Daniel Ortega y el resto de los dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) seguramente no hayan leído la obra de Orwell, pero lo que sí han hecho es escenificarla en la vida real. Cuando el FSLN llegó al poder en Nicaragua en 1979, tras dirigir la insurrección contra el dictador Anastasio Somoza Debayle, se ganó la admiración de toda la izquierda mundial. Eran jóvenes, románticos, idealistas. Pese a la guerra contrarrevolucionaria que financió y dirigió "el imperialismo yanqui", en versión Ronald Reagan, Managua fue durante los años ochenta una ciudad de juerga en la que no era inusual toparse a la medianoche con dirigentes revolucionarios que en plan poético, tras unos cuantos Nica libres, confesaban el sueño sandinista de convertir el espíritu de París del 68 en realidad, de perfeccionar el modelo socialista que el estalinismo había traicionado.
Hoy en Nicaragua, dos años después de la vuelta al poder del sandinismo, no hay ni ideales, ni poesía, ni romance. El régimen que preside Ortega es un himno al cinismo. El indisimulado pirateo de las elecciones municipales que se acaban de celebrar es nada más que la expresión más reciente de un modus operandi que se define por la cara dura y cuyo primer y único objetivo es el poder.
Se vio venir durante la campaña electoral de 2006 cuando a Ortega, un declarado ateo durante los años revolucionarios, se le dio por aparecer en primera fila en las misas de su antiguo archienemigo, el cardenal Obando y Bravo, ante quien se casó con su compañera sentimental y compinche política de muchos años, Rosario Murillo, cuya hija fue objetivo de acoso sexual del mismo Ortega desde su niñez.
Hoy los que le critican en los medios viven amenazados, primero entre ellos Carlos Fernando Chamorro, ex militante sandinista cuyo padre, antiguo director del opositor diario La Prensa, fue asesinado por Somoza. El círculo orwelliano se ha cerrado. El discurso es diferente, y más hipócrita, pero los métodos son los mismos y, mientras el presidente y sus acólitos se enriquecen, Nicaragua sigue siendo el país más pobre de América Latina. El sandinismo de Ortega ha convertido a Nicaragua en el reino de los cerdos de Orwell, aquel donde "todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros".
ANÁLISIS: La crisis nicaragüense
El reino de los cerdos
JOHN CARLIN 14/11/2008
Un libro que debería ser de lectura obligatoria para todos los políticos, pero especialmente para aquellos que pretenden verse como liberadores, es Rebelión en la granja, de George Orwell. Parábola por excelencia de los autoritarismos del siglo XX, el libro trata de una sublevación de animales contra granjeros y el establecimiento de un nuevo modelo político basado en la igualdad y la justicia. Al final del libro, los dirigentes de la revolución, los cerdos, se han vuelto como sus antiguos amos humanos. Comparten un festín, mientras el resto de los animales les miran por la ventana, incapaces de distinguir entre los unos y los otros.
El régimen que preside Daniel Ortega es un himno al cinismo
Daniel Ortega y el resto de los dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) seguramente no hayan leído la obra de Orwell, pero lo que sí han hecho es escenificarla en la vida real. Cuando el FSLN llegó al poder en Nicaragua en 1979, tras dirigir la insurrección contra el dictador Anastasio Somoza Debayle, se ganó la admiración de toda la izquierda mundial. Eran jóvenes, románticos, idealistas. Pese a la guerra contrarrevolucionaria que financió y dirigió "el imperialismo yanqui", en versión Ronald Reagan, Managua fue durante los años ochenta una ciudad de juerga en la que no era inusual toparse a la medianoche con dirigentes revolucionarios que en plan poético, tras unos cuantos Nica libres, confesaban el sueño sandinista de convertir el espíritu de París del 68 en realidad, de perfeccionar el modelo socialista que el estalinismo había traicionado.
Hoy en Nicaragua, dos años después de la vuelta al poder del sandinismo, no hay ni ideales, ni poesía, ni romance. El régimen que preside Ortega es un himno al cinismo. El indisimulado pirateo de las elecciones municipales que se acaban de celebrar es nada más que la expresión más reciente de un modus operandi que se define por la cara dura y cuyo primer y único objetivo es el poder.
Se vio venir durante la campaña electoral de 2006 cuando a Ortega, un declarado ateo durante los años revolucionarios, se le dio por aparecer en primera fila en las misas de su antiguo archienemigo, el cardenal Obando y Bravo, ante quien se casó con su compañera sentimental y compinche política de muchos años, Rosario Murillo, cuya hija fue objetivo de acoso sexual del mismo Ortega desde su niñez.
Hoy los que le critican en los medios viven amenazados, primero entre ellos Carlos Fernando Chamorro, ex militante sandinista cuyo padre, antiguo director del opositor diario La Prensa, fue asesinado por Somoza. El círculo orwelliano se ha cerrado. El discurso es diferente, y más hipócrita, pero los métodos son los mismos y, mientras el presidente y sus acólitos se enriquecen, Nicaragua sigue siendo el país más pobre de América Latina. El sandinismo de Ortega ha convertido a Nicaragua en el reino de los cerdos de Orwell, aquel donde "todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros".
domingo 16 de noviembre de 2008
Excelente análisis sobre el fraude electoral en Nicaragua
El costo político del fraude
16/11/08
Carlos F. Chamorro
¿Cuánta gente votó en Managua por el candidato del FSLN, Alexis Arguello? En el 2,000, Herty Lewites ganó la alcaldía de Managua para el FSLN con 135 mil votos. En el 2,004, Nicho Marenco obtuvo 145 mil votos. En las presidenciales del 2006, Daniel Ortega obtuvo 162,000 votos. Y ahora el CSE le atribuye al candidato del FSLN Alexis Arguello más de 223,000 votos.
Este “crecimiento” inverosímil en la votación del partido de gobierno, superando el resultado presidencial con más de 60 mil votos en una municipal, ya es suficiente motivo para sospechar un fraude. Pero si existiera alguna duda, el conteo del 97% de las actas oficiales en poder del Movimiento Vamos con Eduardo, le otorgan al FSLN 198,000 votos. Y aún se le atribuye el 100% de la población electoral existente en las 22 juntas que se encuentran desaparecidas, Arguello no sumaría nunca más de 206 mil votos, contra 216 mil del candidato de la Alianza PLC, Eduardo Montealegre.
Otra pregunta pertinente es cuántas personas votaron en Managua por Eduardo Montealegre, y cuántos votos le fueron anulados, o arrebatados en la adulteración de las actas. Pero basta la evidencia de que aún tomando en cuenta los votos anulados, y las actas desaparecidas, los datos oficiales -- antes de ser adulterados por el CSE-- le dan una ventaja considerablemente sobre Arguello, 51% vs. 46% y por ello Montealegre debería ser proclamado alcalde electo.
Estamos ante un acto delictivo que representa el peor retroceso en la historia de la democracia electoral de Nicaragua, que es una herencia positiva de la revolución sandinista. Y no es que las elecciones que se efectuaron desde 1990, hayan resuelto los problemas del país, pero al menos sentaron las bases de la convivencia para enterrar la violencia como método político, y dirimir los conflictos de manera pacífica. El fraude del domingo pasado representa una nueva traición a los ideales y al legado de la revolución sandinista. El presidente Daniel Ortega está haciendo retroceder a Nicaragua a la época del dictador Anastasio Somoza García, cuando no existían computadoras ni nuevas tecnologías, pero el fraude se organizaba de manera igualmente descarada.
En América Latina, el fraude electoral parecía ya cosa del pasado. Pero Ortega, que se autoproclama promotor de la democracia directa, está reviviendo las tácticas del General Noriega que se robaba las elecciones a garrotazos en Panamá, o las truculencias utilizadas por Fujimori en el Perú cuando se las quiso robar 2,000. En México en 1998, cuando el PRI le robó las elecciones a Cuactémoc Cárdenas, se acuñó aquella famosa frase, “se cayó el sistema”, al detenerse el sistema de cómputos, supuestamente por una falla energética. En Nicaragua, todo el país fue testigo de cómo el Consejo Supremo Electoral paralizó el sistema de conteo en Managua. Los votantes de más de 600 juntas de receptoras de votos de la capital nunca pudieron ver el resultado de sus juntas en las actas publicadas por el Consejo. Se trata de más de 120 mil votos que no fueron publicados porque evidentemente en muchas de esas juntas perdía el candidato del partido de gobierno.
Gracias a las publicaciones de las actas oficiales que ha hecho en los periódicos el Movimiento Vamos con Eduardo, y a la información que está en su sitio web, ahora sabemos quién ganó y quién perdió en cada junta receptora de votos. Y por eso se puede concluir con certeza que la elección de Managua la perdió el candidato del Frente Sandinista.
Pero las irregularidades que ocurrieron en esta elección no se limitan al municipio de Managua, sino que irradian a nivel nacional. En una elección presidencial, es probable que las anomalías que puedan suceder en un número considerable de Juntas no alteren una tendencia nacional. Pero cuando de trata de 146 elecciones locales, en cada elección una sola junta, 100 votos, 200 votos, hacen la diferencia, como se está demostrando en la alteración de los resultados de la voluntad popular en lugares como León, Masaya, Jinotepe, Jinotega, Juigalpa, Boaco, Teustepe, San Lorenzo, Sébaco, y muchos otros municipios del país.
Una de las consecuencias de este relajo nacional, es que ya no se sabe a ciencia cierta en que municipios ganaron de forma limpia los candidatos del FSLN. Porque incluso los partidarios del FSLN que participaron de buena fe en este proceso electoral, han sido convertidos en rehenes de la ambición de poder de un liderazgo autoritario, que persigue convertir en cómplices del fraude a todos sus votantes. Un liderazgo irresponsable que consideraba peor para ellos admitir la derrota en una importante cantidad de municipios del país, antes que pagar el incalculable costo político de perpetrar un fraude. Y prefirió colocar al país al borde del caos, para intimidar e imponer el miedo, antes que aceptar la voluntad popular.
Al recurrir al fraude electoral, el presidente Ortega está sepultando su propio proyecto político, si es que de verdad alguna vez pretendió hacer un gobierno de “unidad y reconciliación nacional”. El fraude evidencia que después de casi dos años de gestión, los programas sociales asistenciales del gobierno --hambre cero, usura cero, casas para el pueblo, etc-- son necesarios para mantener unida a la base del orteguismo a través de una relación clientelista administrada por los CPC, pero no son suficientes para construir una mayoría política. Al fracasar, Ortega admite que sólo puede seguir gobernando de forma sectaria para sus partidarios.
Pero el mayor costo del fraude es el derrumbe de la confianza nacional, la pérdida de la legitimidad política del gobierno, y la tendencia al aislamiento internacional. Una crisis que al traducirse en una inevitable reducción de la ayuda externa, tendrá un impacto negativo en la economía nacional, y en la vida de los más pobres. No porque Nicaragua sea víctima de alguna suerte de conspiración internacional, como alega el gobierno, sino porque al apostar por el fraude decidió quemar sus puentes con aquellos gobiernos y entidades cooperantes, con los que compartía compromisos democráticos –los miembros de la Unión Europea, Estados Unidos, y eventualmente con los organismos multilaterales Banco Mundial y BID--, para someternos a un alineamiento exclusivo con el régimen de Chávez en Venezuela. Otra oportunidad perdida para la nación: esta vez sin guerra ni agresión imperialista, el mesianismo de Ortega es el único culpable de su profecía autocumplida. La pregunta del millón es si con la caída de los precios del petróleo, Chávez tiene la voluntad y la posibilidad de brindar un sostén económico duradero al proyecto autoritario de Ortega.
Nicaragua vive hoy días de gran incertidumbre. Estamos ante el colapso del Consejo Supremo Electoral, que fracasó incluso como un ente bipartidista, porque el PLC se convirtió en un socio minoritario del FSLN. Y el Consejo Supremo Electoral y los operadores políticos del orteguismo se fusionaron en un mismo cuerpo. Se necesita, por lo tanto, una reforma profunda del sistema electoral, para restablecer la confianza en las elecciones futuras. Pero antes de llegar a ese punto, es imperativo resolver esta crisis. Y la única salida es volver al conteo de las actas a nivel nacional, bajo una observación nacional e internacional independiente.
El fraude puede y debe ser derrotado por la resistencia cívica, por la protesta pacífica y la movilización de la mayoría de la población que rechaza la violencia y la intimidación. Lo que resultaría intolerable, y por eso hay que hacer la advertencia ahora, es que cuando nos acercamos al borde del abismo, desde la cúpula del PLC se intente negociar con Ortega y a espaldas del pueblo el resultado de la voluntad popular.
16/11/08
Carlos F. Chamorro
¿Cuánta gente votó en Managua por el candidato del FSLN, Alexis Arguello? En el 2,000, Herty Lewites ganó la alcaldía de Managua para el FSLN con 135 mil votos. En el 2,004, Nicho Marenco obtuvo 145 mil votos. En las presidenciales del 2006, Daniel Ortega obtuvo 162,000 votos. Y ahora el CSE le atribuye al candidato del FSLN Alexis Arguello más de 223,000 votos.
Este “crecimiento” inverosímil en la votación del partido de gobierno, superando el resultado presidencial con más de 60 mil votos en una municipal, ya es suficiente motivo para sospechar un fraude. Pero si existiera alguna duda, el conteo del 97% de las actas oficiales en poder del Movimiento Vamos con Eduardo, le otorgan al FSLN 198,000 votos. Y aún se le atribuye el 100% de la población electoral existente en las 22 juntas que se encuentran desaparecidas, Arguello no sumaría nunca más de 206 mil votos, contra 216 mil del candidato de la Alianza PLC, Eduardo Montealegre.
Otra pregunta pertinente es cuántas personas votaron en Managua por Eduardo Montealegre, y cuántos votos le fueron anulados, o arrebatados en la adulteración de las actas. Pero basta la evidencia de que aún tomando en cuenta los votos anulados, y las actas desaparecidas, los datos oficiales -- antes de ser adulterados por el CSE-- le dan una ventaja considerablemente sobre Arguello, 51% vs. 46% y por ello Montealegre debería ser proclamado alcalde electo.
Estamos ante un acto delictivo que representa el peor retroceso en la historia de la democracia electoral de Nicaragua, que es una herencia positiva de la revolución sandinista. Y no es que las elecciones que se efectuaron desde 1990, hayan resuelto los problemas del país, pero al menos sentaron las bases de la convivencia para enterrar la violencia como método político, y dirimir los conflictos de manera pacífica. El fraude del domingo pasado representa una nueva traición a los ideales y al legado de la revolución sandinista. El presidente Daniel Ortega está haciendo retroceder a Nicaragua a la época del dictador Anastasio Somoza García, cuando no existían computadoras ni nuevas tecnologías, pero el fraude se organizaba de manera igualmente descarada.
En América Latina, el fraude electoral parecía ya cosa del pasado. Pero Ortega, que se autoproclama promotor de la democracia directa, está reviviendo las tácticas del General Noriega que se robaba las elecciones a garrotazos en Panamá, o las truculencias utilizadas por Fujimori en el Perú cuando se las quiso robar 2,000. En México en 1998, cuando el PRI le robó las elecciones a Cuactémoc Cárdenas, se acuñó aquella famosa frase, “se cayó el sistema”, al detenerse el sistema de cómputos, supuestamente por una falla energética. En Nicaragua, todo el país fue testigo de cómo el Consejo Supremo Electoral paralizó el sistema de conteo en Managua. Los votantes de más de 600 juntas de receptoras de votos de la capital nunca pudieron ver el resultado de sus juntas en las actas publicadas por el Consejo. Se trata de más de 120 mil votos que no fueron publicados porque evidentemente en muchas de esas juntas perdía el candidato del partido de gobierno.
Gracias a las publicaciones de las actas oficiales que ha hecho en los periódicos el Movimiento Vamos con Eduardo, y a la información que está en su sitio web, ahora sabemos quién ganó y quién perdió en cada junta receptora de votos. Y por eso se puede concluir con certeza que la elección de Managua la perdió el candidato del Frente Sandinista.
Pero las irregularidades que ocurrieron en esta elección no se limitan al municipio de Managua, sino que irradian a nivel nacional. En una elección presidencial, es probable que las anomalías que puedan suceder en un número considerable de Juntas no alteren una tendencia nacional. Pero cuando de trata de 146 elecciones locales, en cada elección una sola junta, 100 votos, 200 votos, hacen la diferencia, como se está demostrando en la alteración de los resultados de la voluntad popular en lugares como León, Masaya, Jinotepe, Jinotega, Juigalpa, Boaco, Teustepe, San Lorenzo, Sébaco, y muchos otros municipios del país.
Una de las consecuencias de este relajo nacional, es que ya no se sabe a ciencia cierta en que municipios ganaron de forma limpia los candidatos del FSLN. Porque incluso los partidarios del FSLN que participaron de buena fe en este proceso electoral, han sido convertidos en rehenes de la ambición de poder de un liderazgo autoritario, que persigue convertir en cómplices del fraude a todos sus votantes. Un liderazgo irresponsable que consideraba peor para ellos admitir la derrota en una importante cantidad de municipios del país, antes que pagar el incalculable costo político de perpetrar un fraude. Y prefirió colocar al país al borde del caos, para intimidar e imponer el miedo, antes que aceptar la voluntad popular.
Al recurrir al fraude electoral, el presidente Ortega está sepultando su propio proyecto político, si es que de verdad alguna vez pretendió hacer un gobierno de “unidad y reconciliación nacional”. El fraude evidencia que después de casi dos años de gestión, los programas sociales asistenciales del gobierno --hambre cero, usura cero, casas para el pueblo, etc-- son necesarios para mantener unida a la base del orteguismo a través de una relación clientelista administrada por los CPC, pero no son suficientes para construir una mayoría política. Al fracasar, Ortega admite que sólo puede seguir gobernando de forma sectaria para sus partidarios.
Pero el mayor costo del fraude es el derrumbe de la confianza nacional, la pérdida de la legitimidad política del gobierno, y la tendencia al aislamiento internacional. Una crisis que al traducirse en una inevitable reducción de la ayuda externa, tendrá un impacto negativo en la economía nacional, y en la vida de los más pobres. No porque Nicaragua sea víctima de alguna suerte de conspiración internacional, como alega el gobierno, sino porque al apostar por el fraude decidió quemar sus puentes con aquellos gobiernos y entidades cooperantes, con los que compartía compromisos democráticos –los miembros de la Unión Europea, Estados Unidos, y eventualmente con los organismos multilaterales Banco Mundial y BID--, para someternos a un alineamiento exclusivo con el régimen de Chávez en Venezuela. Otra oportunidad perdida para la nación: esta vez sin guerra ni agresión imperialista, el mesianismo de Ortega es el único culpable de su profecía autocumplida. La pregunta del millón es si con la caída de los precios del petróleo, Chávez tiene la voluntad y la posibilidad de brindar un sostén económico duradero al proyecto autoritario de Ortega.
Nicaragua vive hoy días de gran incertidumbre. Estamos ante el colapso del Consejo Supremo Electoral, que fracasó incluso como un ente bipartidista, porque el PLC se convirtió en un socio minoritario del FSLN. Y el Consejo Supremo Electoral y los operadores políticos del orteguismo se fusionaron en un mismo cuerpo. Se necesita, por lo tanto, una reforma profunda del sistema electoral, para restablecer la confianza en las elecciones futuras. Pero antes de llegar a ese punto, es imperativo resolver esta crisis. Y la única salida es volver al conteo de las actas a nivel nacional, bajo una observación nacional e internacional independiente.
El fraude puede y debe ser derrotado por la resistencia cívica, por la protesta pacífica y la movilización de la mayoría de la población que rechaza la violencia y la intimidación. Lo que resultaría intolerable, y por eso hay que hacer la advertencia ahora, es que cuando nos acercamos al borde del abismo, desde la cúpula del PLC se intente negociar con Ortega y a espaldas del pueblo el resultado de la voluntad popular.
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