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| Carlos F. Chamorro |
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El fracaso de la
campaña negra
La campaña oficial de intimidación contra cualquier opinión crítica a la presidencia de Daniel Ortega, está generando un verdadero c1ima de estupor en el país. La pregunta en las calles y hogares, es quién será la próxima víctima de esta estridente campaña de odio y difamación, que de forma grotesca se pretende justificar en nombre del amor con un lenguaje seudo religioso.
La buena noticia es que en medio de la indiferencia internacional que provoca la segunda presidencia de Daniel Ortega, esta tendencia a la regresión autoritaria ahora se proyecta con nitidez fuera de nuestras fronteras y ya está concitando una ola de solidaridad con Nicaragua.
La inusitada resonancia internacional de un gobierno que está encaminado al fracaso, es el resultado de su propia cosecha. En sólo veinte meses de gobierno, Ortega ha cometido toda clase de atropellos y violaciones a la institucionalidad democrática. Pero ha sido la arbitraria condena judicial contra el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, por un juicio del que fue absuelto hace tres años, lo que ha puesto de nuevo a Nicaragua en el mapa mundial.
Otra vez ha quedado expuesta a la vista pública la degradación de un poder judicial que se utiliza para lanzar un ataque político, con el sello inconfundible de la venganza de la pareja presidencial. Una represalia nacida de la ira ante la posición ética que ha sostenido el poeta Cardenal sobre lo que representa el liderazgo de Ortega, y sobre todo después de la acogida que le brindaron al poeta en Paraguay, coincidiendo con la frustrada visita de Ortega a ese país.
Como cualquier ciudadano, el Padre Cardenal no está por encima de la ley, pero no puede someterse a la manipulación de un adefesio judicial que está por debajo de su propia dignidad como persona. Al preferir la cárcel antes que pagar una multa aceptando una sentencia espúrea, Cardenal le está dando una lección a la clase política. Igual que la huelga de hambre de Dora Maria Téllez representó un despertar de la conciencia nacional, el desafío de Cardenal plantea la validez de la desobediencia civil como recurso de lucha, ante un régimen que todos los días pierde su legitimidad.
¿Cuántos tendrán el coraje de seguir su ejemplo?, es difícil saberlo. Por de pronto, la condena contra el poeta se ha revertido ya como un boomerang contra el régimen de Ortega. Porque Ernesto no sólo es el más grande de los poetas nacionales vivos y uno de los mejores del mundo, sino además un referente internacional de coherencia e integridad moral, como lo demuestra la solidaridad que le están brindando centenares de intelectuales y personalidades de todo el mundo, encabezadas por Eduardo Galeano, José Saramago, y el Obispo Casáldaliga.
Los ataques contra Cardenal han causado asombro en el extranjero, pero en Nicaragua forman parte de la misma embestida que desde hace varios meses dirige el orteguismo contra el periodismo independiente y la sociedad civil democrática.
Bajo esa ola de presión, el canal 2 de televisión cerró recientemente el programa “El 2 en la Nación”, que dirigía el comentarista político Jaime Arellano. Hay distintas versiones y muchas especulaciones sobre la cancelación de este espacio, pero todo mundo sabe que fue el presidente Ortega, en persona, quien encabezó los ataques contra Arellano, que luego dieron lugar a una campaña negra en su contra en los medios oficiales, para acallar las críticas frontales que lanzaba “El 2 en La Nación”.
De manera que cualquier exceso que haya cometido Arellano en su labor critica, se queda corto a la par de la virulencia del lenguaje de Ortega y los abusos y la difamación que todos los días promueven los medios oficiales.
Al margen de las reservas que pudieran existir sobre el tono y el método que utilizaba “El 2 en la Nación”, resulta lamentable el cierre de este foro democrático, en un momento de acoso e intimidación contra los medios y destacadas figuras de la prensa independiente y la sociedad civil. Cuando mas imperiosa resulta la solidaridad, se ha enviado a la sociedad el mensaje equivocado.
La cancelación de El 2 en la Nación también deja planteada la urgencia de un debate nacional sobre la libertad de expresión. Nadie discute que se trata de un derecho constitucional de los ciudadanos, pero en su tutela existe una corresponsabilidad de parte de los comunicadores, de los empresarios de medios de comunicación, y de los diputados que deben propiciar un marco regulatorio para la concesión de las licencias de los medios electrónicos, por ejemplo, para que esta libertad se pueda ejercer sin temor a los chantajes y presiones del gobierno.
Pero el acoso contra Jaime Arellano, tampoco representa un hecho aislado. Desde los medios oficiales, también se ataca y se pretende difamar a Edgard Tijerino, el mejor cronista deportivo de la región, a quien el mismo presidente Ortega le otorgó el primero de marzo la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío. Si Tijerino es lo que dice la propaganda oficial, ¿entonces por qué lo condecoró Ortega? ¿O es que acaso el Presidente creyó que podía comprar la conciencia de Edgard Tijerino con una medalla, y ahora lo atacan para silenciar sus críticas al régimen y su compromiso democrático?
Y de forma más infame aún se ataca a la periodista, investigadora social, y dirigente feminista Sofía Montenegro, decretando como los fascistas: muerte a la inteligencia! Pero a mayor bajeza y cobardía de la campaña oficial, se engrandecen los méritos ciudadanos de sus víctimas, y más contundente resulta la evidencia del fracaso de un gobierno que carece de ética y argumentos para debatir.
E incluso se intenta desprestigiar al humorista Luis Enrique Calderón, pues por encima de todas las cosas el poder le teme a la ironía, pero como bien lo ha dicho ya el propio Calderón, “el humor es más fuerte que el odio”.
Y uno se pregunta, ¿cuáles son los límites de la intolerancia oficial? ¿o será que al haber perdido la pareja presidencial todo contacto con la realidad, no existe ningún limite?
No hay duda que la campaña negra seguirá enlodando a miles de nicaragüenses honestos, porque son muchos más los que mantienen una actitud crítica e independiente frente al gobierno de Ortega. Pero la podredumbre oficial, es el mejor síntoma de su propio fracaso.
Pareciera que su único propósito de esta campaña es “marcar” el territorio del orteguismo. Intentar poner un muro de contención, ante la creciente influencia que ejercen en la sociedad y en las propias filas del sandinismo, intelectuales, periodistas, profesionales, y artistas independientes. Pero al intentar descalificarlos, a fuerza del insulto y el terror, el gobierno de Ortega está cavando el foso de su propio descrédito.
En medio de la incertidumbre y las amenazas con que transcurren estos días, tengo la certeza de que esta desesperada campaña de intimidación oficial, es un síntoma del dolor que acompañan las contracciones previas al parto de lo nuevo. Nos anuncia el desgaste prematuro de un régimen autoritario, ante una sociedad civil democrática que desde hace rato empezó a perder el miedo.

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